9-N + 1-O + 12-O = 155

Cultura Editoriales

Perdonad que insista en el tema, pero considero que estamos viviendo momentos históricos de una trascendencia muy importante. La aplicación del artículo 155 de nuestra Constitución en una de las autonomías españolas está, por fin, en proceso. Es un hecho insólito en nuestra democracia, aunque no así en otros países.

Como diría Jack El Destripador: vayamos por partes. La aplicación del artículo 155 es el último mecanismo de defensa de nuestro país para frenar una hipotética declaración unilateral de independencia por parte del gobierno catalán. Un gobierno, recordemos, fuera de la ley, y dispuesto a todo por conseguir sus planes secesionistas. Pero también, la aplicación del artículo 155 tiene por objetivo proteger a todos los ciudadanos de Cataluña, sus libertades y su autogobierno.

Estar rodeados de tantas campañas de manipulación supone, en ocasiones, que los ciudadanos perdamos la perspectiva de las cosas. En este caso, es conveniente pararse a reflexionar, siquiera un momento, en qué está ocurriendo, y qué puede ocurrir a partir de ahora. Lo principal, pienso yo, es no dejarse engañar, ni deslumbrar, por todo lo que se va a hacer y decir en los próximos días, porque dentro de este conflicto, también hay muchos que buscan pescar otras cosas al rebufo de la agitación social.

Lo que queda de gobierno catalán no tiene más remedio que acudir a los discursos demagógicos y, de manera irresponsable, hacer una llamada a su gente para que tomen las calles y se genere el mayor caos posible. Así, el discurso de Puigdemont y del resto de su gobierno trata de hacer creer a la opinión pública que la aplicación del artículo 155 es un “golpe de estado” a Cataluña, y a un gobierno legítimamente elegido por el pueblo. Y sí, claro que fue sido elegido por el pueblo, como también ellos se comprometieron a cumplir la Constitución y el Estatuto Catalán, se comprometieron con todos los catalanes, no sólo con los independentistas, y se comprometieron con la legalidad vigente, con la cual fueron elegidos, y que ellos han incumplido de parte a parte.

A partir de ahora, vamos a entrar en un periodo muy peligroso para Cataluña. La crispación en las calles va a ir en aumento, y la provocación va a ser constante. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado van a tener una misión muy difícil, y no me gustaría estar en la piel de quienes se van a encargar de mantener el orden en las calles catalanas en los próximos días. Ojalá todo se desarrolle dentro de los límites más razonables posibles, pero algo me dice que no va a ser así. Cataluña se ha convertido en un polvorín, y el único responsable de lo que ocurre, y de lo que ocurra, es Puigdemont y su gobierno. Para mí, desde luego, no hay otro culpable.

La inmensa mayoría de la sociedad española apoya las medidas que el Gobierno de la nación, junto a PSOE, Ciudadanos y Partido Popular, está tomando. Otros, han preferido ponerse de parte de los delincuentes, como decía en mi anterior editorial, y ellos sabrán si les compensa. En mi modesta opinión, no, pero ese no es el problema ahora. El problema es saber hasta qué punto de locura van a llegar algunos, puesto que ya se está planteando romper pactos de gobierno, incluso en ayuntamientos como el de Barcelona.

Considero que el Gobierno de España ha hecho, exactamente, lo que tenía que hacer. Tengo la certeza absoluta de que, de haber gobernado en este momento el PSOE, habría hecho justo lo mismo. No me cabe ninguna duda. Y, además, aplicar el 155 en este momento, cuando muchos lo vienen reclamando desde hace bastante tiempo, da cuenta de que se ha agotado hasta el último minuto, hasta el último plazo, para su puesta en marcha.

Desde este momento, la expectación sobre lo que pueda ocurrir, es máxima. Las incógnitas sobre cómo se va a aplicar el control  de ciertas áreas vitales de Cataluña por parte del Gobierno, también. Las comunicaciones y los Mozos de Escuadra, aparte del control económico, son algunas de estas áreas vitales. Se trata, en definitiva, de restablecer una legalidad rota, unilateralmente, por los secesionistas.

Desde luego, Puigdemont va a pasar a la historia, sin duda, como el presidente más dañino para Cataluña. Y si no, al tiempo.

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