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Bienestar emocional: lo que el cine puede enseñarnos sobre cómo sentimos Artículo de Rosario Peiró

Hablar de bienestar emocional no es hablar de estar siempre bien, sino de aprender a relacionarnos de forma sana con lo que sentimos. Las emociones forman parte de nuestra biología, de nuestra historia personal y de la manera en la que nos vinculamos con el mundo. Comprenderlas y darles un lugar es una de las claves del desarrollo personal y de la salud psicológica.

Un buen ejemplo es la película Del revés, que utiliza una narrativa sencilla para mostrar algo que la psicología lleva décadas explicando: todas las emociones cumplen una función, incluso aquellas que solemos etiquetar como «negativas».

Desde un enfoque científico, sabemos que emociones como la tristeza, el miedo o la rabia no aparecen por error. Son respuestas adaptativas que informan al organismo de que algo necesita atención: una pérdida, un límite vulnerado o una situación de peligro. El problema no es sentirlas, sino reprimirlas, negarlas o no saber qué hacer con ellas.



En la infancia, esta educación emocional es especialmente relevante. Aprender desde pequeños a poner nombre a lo que sentimos, a expresarlo sin culpa y a recibir validación emocional favorece el desarrollo de un apego más seguro, una mejor autorregulación y relaciones más sanas en la vida adulta. La neurociencia ha demostrado que cuando un niño se siente comprendido emocionalmente, su sistema nervioso se regula con mayor facilidad y su cerebro aprende a gestionar el estrés de forma más eficaz.

En la vida adulta ocurre algo similar. Muchas de las dificultades emocionales no tienen que ver con «no poder» sino con no haber aprendido. No nos enseñaron a escuchar el cuerpo, a detectar señales de saturación emocional o a pedir ayuda sin sentirnos débiles.

Desde la Asociación Española de Comunicación y Psicología (AECYP) trabajamos para acercar el conocimiento psicológico a la sociedad de forma clara, rigurosa y humana. Creemos que hablar de bienestar emocional no debe ser complicado ni reservado a entornos clínicos, sino formar parte de la cultura cotidiana: en la educación, en los medios de comunicación, en las familias y en las organizaciones.



El cine, como otras expresiones culturales, puede abrir conversaciones necesarias. Pero el verdadero cambio comienza cuando llevamos esa reflexión a nuestra vida diaria: cuando nos permitimos sentir, cuando escuchamos sin juzgar y cuando entendemos que cuidar la salud emocional es tan importante como cuidar la física.

Porque el bienestar emocional no consiste en evitar el malestar, sino en aprender a transitarlo con conciencia, apoyo y respeto.