CIUDADANOS Y EL LGTBI

Gaspar Albertos

No seré yo a quien se le señale por alabar y compartir las decisiones políticas que el partido Ciudadanos viene tomando desde prácticamente su irrupción en la política española a nivel nacional. Entre estas decisiones, la última y más incomprensible para mí es el veto a Vox que está imposibilitando el acuerdo del centro-derecha español con posibilidades de gobernar en las comunidades autónomas de Murcia y Madrid.

Ahora bien, no me duelen prendas en reconocer su arrojo a la hora de dar la cara en aquellos territorios en los que parece que el estado español está “missing”, o en cualquier manifestación reivindicativa de colectivos de diversa índole (Día de la Mujer y Orgullo Gay como más significativas) que la izquierda española quiere patrimonializar como suyas y exclusivas, con acosos verbales de descalificación de signo político que están llevando a situaciones de acoso físico intolerable, si no, no se comprende la intervención de la policía para garantizar la integridad física de los miembros de Ciudadanos en cualesquiera de los episodios en general citados.

Por tanto, mi reconocimiento a la valentía de Ciudadanos que sin ningún tapujo ni ambages se está mostrando como el mascarón de proa del centro-derecha frente a la intolerancia de esa amalgama de bilduetarras, independentistas y “extremistas de izquierda” (todo hay que decirlo), amparados por el Partido Socialista Obrero Español y su tibieza.

Y a partir de aquí, estoy del movimiento LGTBI hasta los HLIJKLM…

No. No por sus reivindicaciones y logros conseguidos, que me parecen justos y respetables, sino por las formas, al margen de toda decencia, que justifican el que alguien pida que la “fiesta” se traslade a la Casa de Campo o a cualquier otro lugar más discreto, ante las verdaderas escenas abominables que se han podido ver por cualquiera, niños incluidos, en el centro de Madrid.

Una cosa es la reivindicación de una condición sexual y otra hacer alarde en público de lo que ello conlleva “en la intimidad”, con demostraciones en vivo y en directo de desnudos integrales, felaciones, penetraciones anales y demás suertes pornográficas.

Es incomprensible que determinadas siglas políticas se dejen envolver por lo más rancio y descarado de este colectivo en tal de que apuesten por desterrar al adversario político del mismo. Lo del ministro del interior (“maricón” según su compañera de gabinete y ministra de justicia Dolores Delgado) con respecto a la presencia de Ciudadanos en el Orgullo Gay no tiene nombre.

Para terminar, he oído, y me dicen que está documentado gráficamente, que un manifestante del LGTBI se puso delante del grupo de Ciudadanos asistente a la manifestación, desfile o lo que fuere y dándoles la espalda se bajó los pantalones (o el bodi) e hizo todo lo posible por defecar delante de ellos sin conseguirlo. Yo de verdad, le deseo que lo hubiera conseguido, pero que para mayor excitación de sus delicados esfínteres, hubiera cagado una madeja de sogueos, y a gloria de mayor placer, con las puntas del esparto al revés.

Gaspar Albertos.

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