Crisis de la Información

Editoriales

Hemos confundido la cantidad de información con la calidad de la misma. Hoy en día es frustrante comprobar cómo navegamos por un proceloso océano de noticias verdaderas, falsas, medias verdades, bulos, murmuraciones malintencionadas, insultos, barbaridades, genialidades y toda clase de información escrita que ya no sabemos su procedencia y, por tanto, su grado de verisimilitud.

Las redes sociales han acabado con las redes sociales. Lo vengo diciendo desde hace tiempo. Pero no sólo las redes sociales, sino que el exceso de datos que circula por Internet hace ya imposible verificar qué es cierto y qué es otra cosa. Ni siquiera la famosa Wikipedia escapa a este problema, porque está repleta de falsedades. En sus inicios fue un proyecto teóricamente perfecto para conseguir la recopilación definitiva del conocimiento humano, a base de la colaboración de varios cientos de personas en todo el mundo que invertían mucho tiempo en ir añadiendo conocimientos contrastados. Hoy en día, abierta a "colaboraciones" de cualquiera, su contenido está muy desvirtuado, y muchísimas definiciones están adulteradas por disparates de "graciosos" difícilmente controlables.

Estos días circulan por Whatsapp fotos de portadas de periódicos "serios" con supuestos casos de infectados por ébola en Albacete, Alicante y en mil sitios más. Esta broma de mal gusto se la ha creído un pequeño porcentaje de usuarios. El problema es que ese "pequeño" porcentaje representa miles de personas en nuestro país, que se han sentido asustadas en un primer momento, y cabreadas después…

Discernir entre lo verdadero y lo falso se complica cada vez más. En el kiosko, al menos, ya sabemos de qué pie cojea cada periódico, y comprando dos o tres podemos hacernos una idea aproximada de la realidad. Lo mismo pasa con la televisión. Pero Internet representa todo lo bueno y lo malo de nuestra sociedad, y es tan fácil publicar contenidos y difundirlos, que la propia irresponsabilidad del ser humano nos está llevando sin remedio al fin de la información, o, al menos, de la información verídica.

Es bochornoso leer los comentarios en los periódicos. Aparte de ponerse de manifiesto que ya nadie sabe escribir, te das cuenta de que sólo sabemos, en la mayoría de los casos, insultar. No puedes leer más que frases tremendas que ya no espantan a nadie, por desgracia. Nos estamos acostumbrando a todo eso.

Lo peor de todo es que no veo remedio, al menos a corto plazo.

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