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¿Cuándo fue la última vez que votaste con ilusión? – Tercera parte Artículo de Óscar de Caso

Definamos conceptos. Además de ser un subproducto del capitalismo, el fascismo es el mecanismo que la derecha de siempre ha utilizado para «suprimir», primero el comunismo y más tarde intentarlo con el socialismo. Este fascismo está consiguiendo en situaciones puntuales, succionar a las derechas. Sus actores no desprenden complejos al considerarlo una revolución. Se preocupan, y mucho, de un eficaz proselitismo hacia los más jóvenes. En su montaraz empeño, quiere hacer desaparecer la lucha de clases; y aunque, su primer dirigente más popular fue el italiano Benito Mussolini, anteriormente se habían presentado diversas formas violentas del mismo.

Han rizado el rizo. Tiempo atrás, practicaban la mentira a discreción; ahora, mienten con descaro hasta la verdad palmaria del sistema democrático. Inocula en su grey la humillación y el sometimiento al género femenino; no aceptan el cambio social que están logrando las mujeres. Algo significativo me hacer creer que la economía es secundaria en sus intereses. Por el contrario, la violencia y el insulto más soez, es fundamental. Están muy capacitados en sembrar miedo hacia los extranjeros, a los distintos, a los que creen en otros dioses y a los que ponen en tela de juicio su orden. Los jueces fascistas sabedores de su poder siguen trabajando sin apenas sobresaltos. El fascismo está penetrando en España en nombre de la libertad que aúlla la niña Ayuso.

Vox es la gestación paulatina del fascismo en España; en un principio se colocó el rótulo de liberal conservador, pasándose al fascismo con denominación de origen al hacerse ferviente admirador del partido Frente Nacional Francés. Las tablas de la ley de Vox las pronunció su diputada por Almería, Rocío de Meer en 2020, son éstas: o invasión o fronteras; o multiculturalismo o identidad; o barbarie o civilización; o su agenda o nuestra libertad; o ellos o nosotros. La mayoría de sus dirigentes son ególatras consagrados, despreciando y apartando a cualquier persona que ensombrezca su narcisismo y prepotencia. Queda claro, benditos lectores.

Definamos otro concepto. La derechita cada vez menos cobarde ha crecido cuando catalizó el enfrentamiento contra Felipe González. En sus comienzos defendió las tradiciones sin el mínimo aperturismo, paradójicamente contraria al liberalismo; consagrada beata desnatada. El orden y la autoridad son básicos, la justicia social se encuentra al final de la lista de sus prioridades, desean el desorden como medio para justificar su vuelta al poder. Las crisis son bienvenidas por la derecha. Como su fascista socio electoral es zafia e insultona, y cada vez más condescendiente con él. La derecha, o lo que es lo mismo, la Unión Europea propone una economía y una tecnología poderosa, los sueldos de Sudamérica y la protección social que impera en el sudeste asiático.

Como es casi preceptivo, el imprescindible señor Anguita, don Julio, que está cada día más presente en el ámbito político actual escribe: «Creo que también es un error poner el exclusivo punto de mira en la extrema derecha. Ésta, en España, no es otra cosa que la punta de lanza, la infantería del bloque ideológico pragmático que representa el PP. Sobre todo, cuando éstos bajo la hegemonía de la fundación FAES y el propio José María Aznar, están construyendo una nueva CEDA (Confederación Española de Derecha Autónoma) como la que durante la II República gobernó entre primeros de 1934 y febrero de 1936. En esa nueva CEDA estaría Vox, sin lugar a duda. Aquí sí está la alarma fundada».


El ensayista, dramaturgo, lingüista e historiador, Rafael Sánchez Ferlosio (1927-2019), perteneciente a la generación del 50, leyendo las palabras que transcribo a continuación, hace una descripción tipológica de aquellos que el denomina «Amantes de España»: «Ay, Señor, los amantes de España son como amantes de tango, siempre de mostrador en mostrador, pregonando, cantando, llorando sus amores, encareciéndolos impúdicamente como un mérito supremo que los hiciese acreedores a la veneración y el agradecimiento de todos los demás, siempre mirando en derredor, con ceño de amenaza, a ver quién pone cara de poder llegar a pensar en atreverse a poner mínimamente en entredicho a la amada, al amante o al amor. Amantes apaches, amantes de los de la maté porque era mía, dispuestos a cada instante a estrangularla, a pasarla a sangre y fuego en el momento en que, a su juicio, consideren que les ha sido infiel.»


Óscar de Caso

Colaborador de Caudete Digital. Opinión política