El amortiguador de un coche: para qué sirve y cuándo hay que cambiarlo

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La estabilidad de un coche cada vez que realiza un movimiento es una necesidad básica para que su funcionamiento sea el correcto. El dispositivo que cumple con este objetivo, y sin el cual no sería posible, es el amortiguador, que se convierte en una pieza clave para el óptimo desarrollo de todo el engranaje. Su importancia es capital en materia de seguridad, por lo que es un elemento que merece la atención adecuada. Conocer su funcionamiento y periodos de sustitución es importante para entender mejor la influencia directa sobre el desarrollo de un vehículo y poder así obtener el máximo rendimiento.

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Imagen de los amortiguadores tomada de recambioscoches.es

El amortiguador controla el movimiento de las carrocerías y llantas y reduce los efectos generados del balanceo y la inclinación, con especial incidencia cuando se realizan las acciones de frenado y aceleración. Esto se traduce en una mejor estabilidad en las curvas, una reducción de la distancia de frenado y una mayor adherencia a la vía. El resultado es la protección de posibles golpes, impactos y vibraciones, que tiene como objeto tanto el propio coche como los pasajeros. Está ubicado entre el chasis y las ruedas, una posición estratégica que garantiza una óptima articulación. El amortiguador está formado por un eje cromado y dos tubos de acero (uno de ellos está cargado de aceite). El tubo interno se desplaza y ejerce una presión para que el aceite fluya.

El buen estado y la óptima conservación de los amortiguadores es esencial para su buen funcionamiento, ya que problemas, en ese sentido, pueden significar un trabajo incorrecto que reduzca la seguridad del coche y sus pasajeros. En ese sentido, la rigidez o la blandura no son buenos amigos, ya que la primera situación reduce notablemente la comodidad en la conducción hasta el punto de que no resulta funcional; mientras que un amortiguador blando puede provocar la pérdida del control del vehículo.

Proceso de cambio

Los síntomas que evidencian la necesidad de cambiar un amortiguador son varios, como un comportamiento inusual en las curvas, aceleraciones y frenadas; o un desgaste excesivo de los neumáticos. Los ruidos extraños, el desnivel en el coche o un rebote excesivo son también ejemplos de cuándo se debe producir un cambio en esta pieza. El conductor puede detectar esta situación cuando el coche pierde estabilidad o hace el llamado ‘aquaplanning’. Es decir, si el control de la conducción no es absoluto.

Cambiar el amortiguador es una tarea posible en casa. En primer lugar se eleva el coche con el uso de un gato, y se retira la rueda. En algunos casos resulta necesaria la retirada de las líneas de frenado y la barra estabilizadora. Para alcanzar el amortiguador hay que extraer los tornillos de la dirección y las torres. La pieza se retira por completo y ya tenemos el espacio para colocar la nueva. Es importante recordar los pasos previos, especialmente en la retirada de los tornillos, ya que estos tienen que ser recolocados ahora. Es importante advertir que el nuevo amortiguador se ha ajustado perfectamente, antes de instalar la rueda y bajar el nivel del coche.

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