Antes de 1990, una gran parte de los españoles se hicieron esperanzadoras ilusiones con las renovadoras ideas que el partido socialista guardaba en la maleta de los proyectos. Desde los inicios de la década de los 90, esos deseos de cambio contenidos se fueron disipando lentamente. Se fue mustiando la sensibilidad política.
Felipe González fue el desmantelador de la izquierda, y como si se tratase de vasos comunicantes, la derecha se elevó con Aznar como baluarte. La fama conseguida durante la Transición, casi justificada, de ser la zona izquierda extrema de la Internacional Socialista cambió, por omisión y gracia de González de extremo, pasando a ocupar la derecha de dicha Internacional. Alfonso Guerra se atribuyó la seguridad de controlar al partido. Al cesar a Guerra el partido socialista pastoreó al Gobierno; aplicó la apisonadora del poder desprendiendo mezquindad; la conflictividad laboral junto con la paz social detonaron; los GAL alejaron al gobierno de las leyes.
Para decidir el heredero del puño en rosa de González abundaron las peloteras en el seno de las izquierdas socialistas. Pulsaron el botón del Mute sobre su terrorismo de estado y dieron de lado su «filosofía económica».
Las leyes aprobadas con acierto vienen a ser: a través de la «Ley de Incompatibilidades», consiguió la dedicación exclusiva de un ejército de funcionarios. Se aprobó la «Ley de Demarcación y Plantilla Judicial» para aumentar la judicatura. Las «uniones de hecho». Se les concedió una pensión a los minusválidos. Se promulgó una ley de protección sanitaria para los excombatientes republicanos mutilados, junto al «Plan de Empleo y Formación Rural».
En la zona negativa: se elevó de diez a quince años para obtener una pensión además de reducir el importe de las mismas y el tiempo de prestaciones por desempleo. Aumentó la drogodependencia al despenalizar de modo parcial el consumo de estupefacientes. La «Ley de Medidas para la Reforma de la Función Pública», aprobada para eliminar el corporativismo hizo bueno el amiguismo. Para conseguir desatascar las superpobladas cárceles, y al final no lograrlo, se decretó la «Ley de Enjuiciamiento Criminal». Una complicada burocracia para obtener el «Derecho de Asilo Político». Ley maldita aprobada para que el Consejo General del Poder Judicial se eligiese exclusivamente por las Cortes. No puedo ni debo resistirme a incluir la inoperante, alocada y trágica, la abyecta «Ley del Sí es Sí».
Con sus tres mayorías absolutas y los de la otra zanja ensimismados. La calle Ferraz no daba a vasto para confeccionar carnés de afiliación; se convencieron de que eran los nuevos reyes del mambo. El momento era ideal para enriquecerse: el diputado alemán Flick declaró sobornos al PSOE. Se vendió Galerias Preciados por un ridículo precio para que el venezolano Cisneros lo revendiera por doscientas veces más de lo que le costó. El hermano de Alfonso Guerra chanchulló todo lo que quiso en la Junta de Andalucía. Mucha oscuridad en la compra de aviones a EE UU. Financiación irregular del partido en el caso Filesa. El billón de pesetas que nos costó la expropiación de Rumasa. El que fue gobernador del Banco de España Mariano Rubio, concediendo demasiados créditos sin apenas garantías. El concejal madrileño del PSOE Alonso Puerta expuso sobornos en las contratas. Le retiraron el cargo y el carné.
La izquierda lleva docenas de años elevando vaticinios sobre el presente, cuando ésta se le acerca, la realidad se le escapa de las manos. Intenta reducir las desigualdades, pero no las causas; repiten la operación muchas veces, siempre con el mismo resultado. Parece mostrarse ignorante de la realidad del país. Ansían ganar las elecciones, cuando lo logran hacen lo contrario de lo prometido. Cuando el PSOE llega a las elecciones siendo solo la alternativa a la derecha, nunca gana las elecciones. Por el contrario, cuando triunfa es cuando trabaja para las mayorías, ¡Sólo ahí! En este país el socialismo se desvanece como alternativa política, quedando como testimonio. Está absorbido por el nuevo concepto de contracultura. No tengo por menos que darle la razón al imprescindible señor Boadella, don Albert, cuando afirma que los socialistas han utilizado el dinero público para erigirse en mecenas de las máximas aberraciones en nombre de la modernidad.
Tras la caída del Muro de Berlín, la izquierda en España no ha sabido, querido o podido justificar o condenar las dictaduras soviéticas; así mismo, no se ha definido en su colocación ni ha tenido la bondad de explicarnos por qué en España mandan los mercados más que las urnas.
El costado derecho del socialismo se sitúa en contra de los disturbios sociales que alteran el orden público. Sostengo que debemos de desconfiar de los políticos que incluyen en su programa electoral la exigencia de «ley y orden», más que la justicia social. La izquierda fundamentalista desea «el progreso» para reforzar su control sobre la sociedad. Esta izquierda-izquierda está contagiada de lo que Lenin definía como «Enfermedad infantil del comunismo», actual pasión de jóvenes y de conversos.
Escribamos acerca de cómo el socialismo conlleva el capitalismo actual. Por una parte, se siente convencido de que la gran densidad de pobreza mundial tiene su causa en el capitalismo salvaje. En otro sentido, se transforma en Don Tancredo, y quiere creer que ese capitalismo conducirá a una sociedad mejor. Ellos, aunque se declaren contrarios con esta actitud, se sienten a gusto; son burgueses en una sociedad capitalista (muy pocos socialistas proletarios quedan). Se han preguntado, benditos lectores, ¿si el PSOE lleva años insinuando un cambio, casi una revolución, por qué no la hacen? Mi respuesta: porque no se sienten preparados para esa hecatombe.
El socialismo casi nunca ha sabido mantener sus cualidades más preciadas; les ha faltado coherencia, orden, picardía y esfuerzo. Debía haber puesto más empeño en ser mandón, espabilado y rápido en su momento.
Apartado de la socialdemocracia. Corto, sencillo y palmario. Su tesis es: cambiar algo para que todo siga igual. Permiten un paraíso para el acreedor (los bancos) en España. En el flanco izquierdo de esta socialdemocracia hay el grupo de esquizofrénicos, divagando entre el pragmatismo y una utopía de bajo consumo.
Con dos imprescindibles finalizaré el escrito de hoy. El primero el señor Herrera. Don Ángel Antonio: «Pedro Sánchez se ha hecho el que era, un atleta con la sastrería por delante de la ideología. La rebaja de pena de la amnistía él la llama concordia y el regateo de los impuestos como altura de miras». El señor Mújica. Don José: «Las izquierdas tienen que aprender a encontrar caminos del medio que hagan sustentable lo más importante, que es la unidad, porque desunidos no va a ningún lado».
Aunque un poco después de la festividad de los Reyes Magos, les ofrezco el poema de Miguel Hernández titulado «Las abarcas vacías», publicado en 1937.
Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.
Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.
Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.
Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.
Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.
Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.
Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.
Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.
Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.
Mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas

