JUSTITA

Gaspar Albertos

Dicen de una muchacha de pueblo a la que muchos trataban de un poco ignorante que a la vuelta de su viaje de novios las amigas le preguntaron, no sin cierta malicia, que cómo le había ido en la cama con su marido, a lo que la, para muchos equivocadamente, tontica, contestó: “justita”.

Poco más o menos como le ha ido al nuevo presidente de gobierno en su investidura.

Vaya por delante que, si a Pedro Sánchez le ha venido satisfactoriamente “justita” su investidura, no ha sido más que por la desidia de la hoy ya oposición de centro-derecha que fue incapaz de agruparse en listas electorales al estilo “Navarra Suma” en algunas circunscripciones electorales en las que se ha demostrado a posteriori que el frente izquierda/populismo/independentismo hubiese perdido más de quince escaños en favor del frente unido que hubiese ofrecido electoralmente el centro-derecha.

Me estoy imaginando a Iván Redondo la noche electoral del 10N cuando a la vista de los resultados de unas ya segundas elecciones generales le dijera a Pedro Sánchez: “Pedro, sal inmediatamente a la calle, abrázate a la primera farola que encuentres, y si ves que ésta no es capaz de aguantarte, déjate caer abrazado a ella, aunque sea sobre una zarza espinosa. Siempre será la caída más leve que estrellarte sin protección contra el duro pavimento, si es que tienes que comparecer ante unas terceras elecciones sin haber conseguido pactar con nadie”.

Esta es la verdadera historia de lo acontecido. Sobre el título de mi anterior artículo, lo que al final vemos es que para que a Pedro Sánchez le haya entrado “justita” ha tenido que casarse con farolas comunistas/populistas y con espinosas zarzas independentistas porque siempre podrá argumentar que el otro ya estaba “Casado”.

De pretender Pedro Sánchez en convertirse en una impenitente solterona que se negaba a hacer migas con nadie para administrar la hacienda en solitario, ha pasado a buscar novios por doquier hasta que ha encontrado uno del tipo “frankenstein” con el que ha logrado una investidura “justita”.

Pero claro, el matrimonio no es sólo un viaje de novios con su consiguiente “ajuste de calibres”. Con el paso del tiempo, los encajes corporales van perdiendo atractivo y van siendo sustituidos por hábitos en el comportamiento que pueden ir soldando cada vez más el bienestar de la pareja, o por el contrario, la cuartean y despedazan por acudir en demasía ellos al bar, ellas al bingo, o en general ambos “al monte”.

Mucho me temo que a una solterona empedernida resuelta a casarse al final con un marido “frankenstein” le va a costar bastante sujetar a éste, contando con la diversa y extraña morfología biológica del mismo y sus inesperadas “espantadas”.

Es decir, que por lo de “justita”, bien, pero como le dijo, medio en broma medio en serio, el Rey a Pedro Sánchez, “el dolor viene después”.

Gaspar Albertos.

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