La sinvergonzonería de las ‘Autonomías’

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Artículo de Opinión – José Sánchez Amorós /


España ha desaparecido.

Hace años, cuando se atisbaban escasos movimientos de independentismo en Barcelona, todo lo más salían Pelea, Melé y el Mocho la Escoba, que era una tía más bien tonta y antipática. Pelea y Melé también era de la misma horná, con una tímida mesa petitorio-publicitaria en plena Rambla de Canaletes, cerquita de la famosa fuente que porta ese nombre (quien se echa un trago de la fuente tiene asegurado volver a la que era la ciudad más avanzada de España).

Pues bien, al principio de este esperpento destructivo llamado «las Autonomías», una señora catalana, en absoluto sospechosa de independentista, bien al contrario, no tenía inconveniente en alardear de española, su lema era «sí soy catalana, pero no ejerzo». Bueno, que me voy por los cerros de Úbeda con tal diluvio de ideas que me vienen… Comentó por teléfono a una señora residente en Centroamérica, donde ella vivió veintitropecientos años, que España se había dividido en Autonomías con gobierno propio cada una. La señora de América le respondió: -.¿Qué tan rica es España que se puede permitir tantos gobiernos? Vean el resultado.

Todo ha quedado al descubierto tras la ridícula intención del Gobierno de Cataluña de saltarse todo aquello que legalmente se puede saltar, y ahora el tío Puigdemont lanzando chinarros desde el palacete de Waterloo, que no se pronuncia Uaterlu, que es una ciudad de lengua francesa, con facilidades, perteneciente a la región de Bruselas.

Si solamente hubiérase cometido el error en Cataluña, sería tristísimo pero no pasaría de anecdótico. Lo peor es que todos los «Desgobiernos autonómicos» sumados al «desgobierno de España» se han envalentonado, más ahora que ya no se está en democracia, como se decía a toda hora, sino en pandemia, o mejor en «dictadura de pandemia», y cada cual intenta superar al vecino en hacerlo lo más complicado posible.

Concretando, que lo último que he leído es que el ínclito Presidente de Castilla-la Mancha ha anunciado que piensa mantener cerrada su región-estado nada menos que ¡hasta agosto! Como siempre se desdicen y posteriormente prorrogan, podría ser muy bien que con este sistema se llegase hasta el año 2050 o por ahí.

Y aquí vamos a la incidencia que afecta de lleno a Caudete. ¿Quiere decirse que no se podrá ir más allá de la Vereda de Villena salvo que se posea un salvoconducto? Dirán, bueno, pero sí que podemos ir a Valdelcubo en el norte de la provincia de Guadalajara, pongamos por caso. Pero yo, por ejemplo, no quiero volver a Valdelcubo, quiero ir a La Encina o a Fontanares que están más cerquita y se gasta menos trayecto.

Todos somos insensatos en alguna ocasión, pero esto supera lo indecible. A ver por qué se seguirá sin poder ir a Alicante a solazarse, a estar allí con algún familiar, o a hacer lo que le salga a uno de las narices. Como tampoco ir a Alboraya, en las afueras de Valencia, a beber cinco litros de horchata en Casa Daniel, que no emborracha. O a Sevilla, o a Vitigudino… o a Alburquerque.

Pues no hay manera, se han empeñado en cerrar fronteras y es más complicado que viajar de Chemnitz (otrora Karl-Max-Stadt) a Barcelona, en la época en que la Alemania Oriental imponía unos tenaces condicionamientos a la hora de viajar a esta parte de Europa. Sólo se permitía a ciertos gimnastas o nadadoras (nadadores había menos), con unas espaldas y unos bíceps que se parecían al coloso Ursus, la antítesis de la femineidad, para demostrar al mundo que eran las más fornidas. En tanto, aquella hermosa parte de Alemania veía cómo en este lado de la terrorífica frontera la otra Alemania vivía con un nivel de vida que le daba cien patás en todo, principalmente en libertad.

Salgo.

Autor: José Sánchez Amorós

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