LAS CATALANAS

Gaspar Albertos

Distinguidas, gentiles, atractivas, así han sido siempre, y siguen siendo muchas, las mujeres catalanas hasta que llegaron aquellas a las que parece que el flequillo se lo ha cortado el bocado de un burro. Ese ha sido el tributo que ha tenido que pagar el “seny” catalán en su versión femenina por la llegada del “procés”.

Recuerdo que en una ocasión, hace ya muchos años, encontrándome de visita en el castillo de Montjuic, se me acerco una mujer que con un cigarrillo en la mano ya próximo a llevárselo a los labios me preguntó “¿es que tindrà vostè foc, si us plau?”. Escuchada la frase con el característico acento catalán a mí me parece mucho más, voy a decir, persuasiva, que si una persona pide el favor en castellano: “Tiene usted fuego, por favor”.

Salvando las distancias, es algo así como escuchar la película de “El virgo de Visanteta” en valenciano o hacerlo en castellano. En aquella lengua todos los exabruptos que se pronuncian parecen tener más disculpa y menor carácter soez que si los mismos son pronunciados en castellano.

Pero bien, de lo que yo les quiero hablar son de las elecciones catalanas, “las catalanas” como venimos a denominar. De ahí el título del artículo que me ha sugerido irresistiblemente hasta aquí una “inmersión” lingüística de tres párrafos.

La mayor novedad de estas “catalanas” sobre las celebradas en 2017 es que en esta ocasión son nueve las formaciones políticas que van a participar con posibilidades de obtener representación parlamentaria cuando en aquella ocasión fueron siete. Han surgido dos nuevos partidos, uno constitucionalista, Vox, y uno independentista, el PdeCat que en 2017 se presentó en coalición con el JxCat de Puigdemont. Otra novedad importante va a ser la sensible bajada de participación (que en 2017 alcanzó casi el 80 %), por el hartazgo que supone la difícil convivencia en Cataluña y la situación epidemiológica que se sufre como en el resto del país.

En cuanto a la distribución de escaños por bloques, la tradicional osmosis que demuestra el escaso trasvase de voto del independentismo al constitucionalismo y viceversa, hace que muy poco se pueda mover en cuanto a la obtención de resultados en el conjunto de cada bloque. Van a ser los acontecimientos acaecidos durante estos últimos años y la amplitud de ofertas dentro de cada uno de estos bloques los que determinen un cambio en el seno de los mismos.

En el mundo independentista, la disputa se da entre los que consideran a Puigdemont su “president” legítimo, y los que lo consideran “huido” y tienen por líderes y mártires a los que afrontaron los hechos y dieron con sus huesos en la cárcel. Si ERC se mantiene en su representación parlamentaria, no entiendo una notable bajada de JxCat si no es porque el recién incorporado PdeCat obtenga unos inesperados resultados. Y si no la tiene, lo único que puede ocurrir es que los votos “inútiles” entonces del PdeCat beneficien a algún partido del bloque constitucionalista. Si también se espera que la CUP doble sus resultados, el galimatías de reparto de voto independentista puede ser de órdago, asunto este que nunca les impedirá acordar para seguir gobernando.

Si no me salen las cuentas en el independentismo, la “teta” de Ciudadanos en el bloque constitucionalista tampoco va a dar para tanto como se supone. Todo lo que se atribuya a la subida del PSC de Illa, lo que consiga Vox y lo presumiblemente poco que aumente el PP ha de salir de la bajada en picado de Ciudadanos. En Comú-Podem no entra en esta ecuación, aunque se considere constitucionalista (que es mucho suponer) porque nunca apoyaría una coalición para gobernar liderada por PSOE o Ciudadanos que indefectiblemente habría de contar con el apoyo de PP y VOX.

El PSC considera que puede ganar las elecciones anunciando a diestra y siniestra que nunca pactará para gobernar con independentistas, más para conseguir escaños del centro derecha catalán procedente de Ciudadanos, que por el tan cacareado “efecto Illa” como premio por su gestión de la pandemia. Si se mantiene firme en el constitucionalismo, por mucho que suba, dentro de este bloque nunca podrá liderar un cambio de gobierno en Cataluña. Principalmente porque las tres fuerzas a su derecha, Ciudadanos, PP y Vox, presentándose por separado, no suman lo que sí podrían conseguir con una lista unitaria sin complejos.

Con la irrupción de Vox, el voto de centro-derecha catalán va a estar más fraccionado que nunca, aunque esto parezca no importarles. En las pasadas elecciones, cuando Ciudadanos las ganó obteniendo 36 escaños, en la Cataluña profunda de Girona y Lleida se perdieron casi 23.000 votos obtenidos por el PP que no obtuvieron rédito parlamentario y que hubieran supuesto un par de escaños más si hubiera ido en coalición con Ciudadanos. Otro tanto ocurrió en las provincias de Tarragona y Barcelona aunque en estas los cuatro parlamentarios obtenidos por el PP hubieran supuesto un incremento de dos o tres más en caso de ir coaligados con el partido naranja.

En fin, que entre el cada vez mayor multipartidismo, la alta abstención esperada y la situación de riesgo que supone la epidemia se espera una apasionante noche electoral el próximo domingo. Hagan apuestas señores.

Gaspar Albertos

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