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Editoriales

La polémica generada entre los taxistas y la empresa Uber, y otras similares, como Cabify, pone de manifiesto que los nuevos tiempos van generando cambios en muchos negocios. Del mismo modo que la venta online ha cambiado drásticamente el comercio tradicional, también el transporte precisa de una profunda adaptación.

El sector del taxi, como es lógico, tiene sólidos argumentos para estar radicalmente en contra de servicios como Uber. Pagan impuestos, licencias, tienen que cumplir una dura normativa en cuanto a condiciones de los vehículos, etc. Por contra, las condiciones, a priori, para los vehículos de Uber, no son tan rígidas.

Digo «a priori» porque hace un mes que salió un nuevo Real Decreto del Gobierno que endurece, y mucho, las condiciones para el sector de las VTC (empresas de vehículos de alquiler, con o sin conductor, como Uber). Los taxistas están, más o menos, satisfechos, pero las VTC están bastante cabreadas. Y muchos usuarios, también.

Muchos piensan que el sector del taxi es un monopolio, donde las licencias se otorgan con cuentagotas. Incluso se heredan… De hecho, en municipios como Caudete existe un número de licencias disponible, muy pocas, y no se otorgan más. Pero el caso es que muchos usuarios empiezan a exigir más libertad a la hora de desplazarse, sin depender de un solo tipo de servicio, y donde intervenga la ley de la competencia para que haya una regulación natural de los precios. Pero para eso, todos los interesados tendrán que estar en las mismas condiciones, y cumplir con unas exigencias similares. Por lo tanto, taxistas y empresas VTC llevan razón, y se trata de llegar a una situación que sea justa para todas las partes.

Un caso parecido, pero no igual, es el de BlaBlacar. Este servicio sirve para poner en contacto a gente que comparte destino. Con un coste muy bajo, uno puede ir a Alicante o Madrid, o donde sea, si encuentra a través de la aplicación a alguien que va a esa ciudad y quiere compartir su vehículo. Esto se ha hecho toda la vida, pero la tecnología ha multiplicado la efectividad de esta idea tan antigua.

Parece ser que el tema funciona bastante bien, aunque también recibe muchas críticas por parte del sector del transporte. Podemos sacarle ventajas y desventajas, desde luego, pero compartir un vehículo, de momento, evita otro coche en la carretera, evita contaminación, deja libre un aparcamiento y nos puede hacer más ameno el viaje. O no, depende… En la aplicación puedes elegir hasta si prefieres un conductor dicharachero, o más seriote. Si te toca el que se cree muy gracioso, y no lo es, estás apañado.

Este tipo de servicios también tiene una pequeña comisión, aunque muchos usuarios se conocen por la aplicación, y luego quedan en Whatsapp para ahorrársela… ¡Eso ya es rizar el rizo! Además, puede conllevar riesgos innecesarios por un par de euros.

En cuanto a otras opciones, en Madrid y otras grandes ciudades, sube como la espuma la opción de alquilar coches eléctricos, como los que ofrece la empresa Car2go, de los que hay cientos repartidos por toda la capital. Te descargas la aplicación, metes los datos de tu tarjeta de crédito, y ya está dispuesta. Cuando quieres un coche, pones en marcha la app y te aparece el plano con los vehículos disponibles más cercanos. Te acercas al coche, lo abres con tu móvil, pones en marcha su gran pantalla GPS, y a conducir… Aparcas en cualquier sitio, aunque sea zona azul, lo cierras, y te cobran en la tarjeta por el tiempo conducido, sin que te tengas que molestar de nada más. Más cómodo… casi imposible.

En fin, que, poco a poco, todo cambia. Y los cambios, a veces, son dolorosos… pero imparables.

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