Mía

Editoriales

miaMe gustan los animales, pero eso de echarles de comer, limpiarlos y tenerlos en condiciones siempre me ha dado pereza. Total, que desde hace muchos años, no he tenido ningún animal en casa.

Mía apareció un día en mi calle, y por allí se quedó. Era una gata jovencita, tricolor y cariñosa, y una tarde, la más pequeña de la casa se la subió a la cambra sin decir nada a nadie, por miedo a que la regañásemos. Pero claro, un nuevo inquilino en la casa, tarde o temprano, termina por descubrirse.

Era dulce, tranquila, y muy, muy agradecida por lo poco que le dábamos: algo de comida, agua y permiso para dormir entre mantas viejas. Empezó a usar la arena que le pusimos, y podíamos cogerla, acariciarla y jugar con ella como si toda la vida hubiese estado allí. Podía irse o quedarse, porque tenía acceso a la calle, pero no se fue. Al tercer día, tampoco queríamos que se fuese. Ya nos había ganado el corazón.

Pero el día de Nochebuena salió a la calle y no volvió. Pusimos un aviso en Facebook… Sinceramente, yo no confiaba en volver a verla, pero la ayuda de la gente nos permitió localizarla incluso antes de cenar, ¡gracias! La Nochebuena tuvo un plus de alegría, y ahí me dí cuenta de que ese pequeño animalito ya era uno más de la familia.

Su salida navideña nos trajo consecuencias en forma de cuatro gatitos preciosos. Su confianza con nosotros nos permitió estar a su lado durante el parto, y ella misma nos avisó del momento culminante. Fue una experiencia muy interesante, y lo sigue siendo. Así que, por el momento, de no querer ningún animal en casa, ya son cinco. Casi todos tienen ya dueño, pero todavía estarán por aquí un par de semanas, hasta que dejen de depender de su madre.

A veces prefiero apagar la televisión y ponerme a contemplar a esos cuatro peluches con vida propia y disfrutar de sus juegos, y de cómo, poco a poco, su madre los va enseñando a limpiarse, cómo los cuida, cómo los lleva a la arena para que se vayan acostumbrando a hacer sus necesidades en el lugar adecuado… También ves cómo sufre cuando la arañan y la torturan cuando los cuatro a la vez se ponen a mamar. Ella maúlla de dolor a veces, porque ya tienen un mes y unas buenas uñas, pero se limita a lamerlos con fuerza cuando se pasan de la raya. Si estamos cerca, nos mira como pidiendo ayuda, y le organizamos un poco a los comensales hasta que todos se quedan tranquilos mamando de su respectivo “biberón”.

Los animales pueden darnos lecciones a las personas. Son leales y agradecidos, y dan más cariño del que suelen recibir, por mucho que reciban. Por eso, quienes quieren a los animales ya tienen mucho ganado en la vida, y, sin ser una garantía, es más difícil que sean malas personas. Creo que el vínculo con los animales nos hace mejores, y saca cosas buenas de nosotros.

Me gusta cuando mi gata lame mi mano, un gesto que los gatos sólo hacen cuando sienten un gran afecto por sus dueños. Creo que un animal en casa aporta una compañía muy especial, y la relación con los niños es muy positiva para ellos. Está comprobado que los niños desarrollan un mayor respeto hacia la Naturaleza, y a su vez los gatos se suelen dejar ser el juguete preferido de los niños pequeños, siempre que el animal sea cariñoso, como es el caso. A los mayores también nos aporta cierta serenidad su presencia, y acariciar un gato suavemente mientras ronronea es una buena terapia relajante.

Echaremos de menos a los cuatro pequeñajos que vimos nacer hace unas semanas, y cuya evolución ha sido una especie de documental de la 2, con la diferencia de que puedes cogerlos y jugar con ellos mientras van creciendo. Ha sido una lección de ciencias naturales en vivo, que ha aportado alguna pequeña sorpresa cada día.

Al final, me ha pasado como a mi padre, que no era nada aficionado a los perros, y un día llegó de una carrera con una perrita pequeña que le dieron unos niños en un pueblo, y que no sabían qué hacer con ella. Al poco, Dana, ya era la reina de la casa, y así sigue…

Mía seguirá con nosotros, ¡y ojalá sea por mucho tiempo!, aunque la esterilizaremos, para evitar un zoológico en casa (ella ya ha cumplido su parte en la perpetuación de su especie…). Es importante cuidar a los animales que tenemos a nuestro cargo, que los revise un veterinario de vez en cuando, y mantenerlos en buenas condiciones. Mantener un gato en casa no es algo caro, ni siquiera la comida. Tampoco un perro. Pero hay que ser responsables, y si vamos a tener un animal en casa, lo primero de todo es comprometernos a que esté en condiciones. Si no, es preferible no tenerlo.

Este es mi pequeño homenaje a los animales, aunque sólo quienes tienen, o han tenido alguno, saben de lo que hablo. Nos haría mucho bien estar más en contacto con los animales, con el campo, con nuestras raíces. Al final, nuestra existencia es cada vez más urbanita, más tecnológica, más automatizada, pero no olvidemos que más allá del Whatsapp, hay vida.

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