MOISÉS

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En ocasiones, los tiempos en la política se pueden asemejar a los tiempos de una partida de póker en la que habiendo repartido cartas la ciudadanía, el que va de “mano” en esa partida opta por decir “paso”, no queriendo decir con esto que tire las cartas sino que se reserva un turno de apuesta, si es que este le llega, en las condiciones que espera.

Este es el símil más parecido de lo que  hasta ahora se ha producido en el tiempo político en el que el Jefe del Estado, como resultado del “reparto de cartas” de los electores, ha encomendado hacer sus apuestas a los distintos jugadores pudiéndole llegar ahora una segunda oportunidad a quien dijo “paso” al principio de la partida.

Y aquí es donde yo también quería llegar para terminar con este símil y comenzar con la realidad política de la situación actual y más concretamente con mi parecer acerca del futuro de este jugador.

Este aspirante a presidente de gobierno de una nueva legislatura, llamado Mariano Rajoy, tiene en su haber un bagaje que le hace merecedor al cargo por muchas cosas, entre ellas como más reciente y determinante la de haber sido el líder del partido más votado con mucha diferencia sobre el  resto. Si desde esta guinda miramos hacia atrás, Rajoy ha sabido aguantar su propia travesía del desierto como líder de la oposición (con no poca oposición interna) durante las dos legislaturas de Zapatero, logró mayoría absoluta para su partido hace ahora más de cuatro años rescatando al país del “rescate” deseado por otros, tomó las medidas precisas para encauzar la economía en caída libre y revertir el sentido de la misma, ha comenzado a crear empleo, a reactivar el consumo, se han legislado multitud de reformas, etc.

Desde luego no voy a ser yo quien le discuta los méritos para que ahora intente lo que viene diciendo desde el minuto cero del 20 de diciembre pasado: que a la vista de los resultados electorales  lo que España necesita para seguir en la senda de crecimiento y progreso es un gobierno de coalición entre los tres partidos constitucionalistas que adopten acuerdos “entre los tres” y que permitan por número de votos las reformas constitucionales que también se acuerden, a la vez que ofrezcan conjuntamente un frente político insalvable para las pretensiones independentistas de cualquier signo.

Señor Rajoy, si usted llegara a conseguir y presidir esto en la encrucijada en la que hoy se encuentra España, pasaría a la historia como uno de los políticos más importantes de la misma. Pero como creo, como decía Guerrita, que, “lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible” (máxime después de estar el toro lo resabiado que está) nos tenemos que ir planteando el futuro de nuestro país en clave de unas nuevas elecciones generales el próximo 26 de junio. A no ser que a última hora PSOE y Podemos se entiendan dejando colgado de la brocha a Ciudadanos, que de esto hay para escribir y mucho.

Ante este nuevo reto que suponen unas nuevas elecciones creo que su función ha terminado y tiene que dejar que  su partido sea liderado por otra persona más joven y que genere más entusiasmo. Usted, como Moisés, tiene el mérito de haber guiado a su pueblo a través del desierto en medio de multitud de vicisitudes, su mayoría absoluta permitió que su ideario le dictara  “los diez mandamientos”, … pero el destino le marca que no puede entrar en la “tierra prometida”.

Hágame caso. En su partido hay más de media docena de “Josués” preparados para coger su testigo sin que esto suponga ningún trauma para sus militantes ni votantes en general, aunque las elecciones estén a poco más de tres meses y medio. El déficit de votantes que tiene el PP de menores de 35/40 años (en gran parte emigrados a Ciudadanos) lo puede recuperar con un líder como Pablo Casado o Cristina Cifuentes que ya están ahí. Y me atrevo a más. Si el Partido Popular fuera el primero en postular una mujer como Cristina Cifuentes a candidata a presidente de gobierno en España, el ascenso en sus resultados electorales sería más que manifiesto.

Recalco; si la jugada maestra de póquer que espera no le sale, no dude en dejar paso a otro líder en su partido, no insista con la continuidad de su liderazgo. En su partido nadie le cuestiona pero que esto no le haga tener los ojos vendados.

Creo que como Moisés no está destinado a entrar en la “tierra prometida”, sin dejar de reconocerle sus méritos.

Gaspar Albertos.

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