La alta montaña volvió a ser protagonista para un grupo de montañeros caudetanos que, el pasado fin de semana, lograron alcanzar la cima de la Maladeta (3.312 metros), una de las cumbres más emblemáticas del Pirineo aragonés y la novena montaña más alta de España.
La expedición estuvo integrada por Santiago Aguilar, Jorge Amorós, José Andrés Marco, Lourdes Milán, Manuel Conejero, Paco Albertos y David «El Rojo», quienes se desplazaron hasta el valle de Benasque para afrontar una exigente ascensión marcada por las duras condiciones de alta montaña y varios tramos de notable dificultad técnica.
La aventura comenzó en la madrugada del sábado 6 de junio, cuando el grupo inició la marcha alrededor de las 4:30 horas desde La Besurta, situada a 1.920 metros de altitud. Tras pasar por el refugio de La Renclusa, continuaron ganando altura hasta alcanzar los 2.500 metros, donde realizaron una parada técnica para equiparse con material alpino específico, incluyendo crampones, piolets y ropa especializada para las bajas temperaturas.
Uno de los momentos más exigentes de la jornada llegó tras superar las largas pendientes del Portillón. Allí los montañeros tuvieron que enfrentarse a la canal de la Rimaya, un corredor de nieve y hielo con inclinaciones de entre 45 y 50 grados y catalogado con dificultad PD, considerado el tramo más técnico de toda la ascensión y paso obligado para acceder a la arista final de la Maladeta.
Los Montes Malditos
A pesar de las dificultades añadidas por un embotellamiento provocado por varios montañeros que progresaban por delante, la expedición logró superar el corredor con éxito y alcanzar la cima de la Maladeta, situada en el conocido macizo de los Montes Malditos, disfrutando de unas espectaculares vistas sobre el conjunto del Pirineo.
Tras alcanzar el objetivo principal, el grupo tenía previsto continuar la travesía por la cresta hacia los picos Abadías y Maldito. Sin embargo, la presencia de pasos muy expuestos y zonas de terreno descompuesto llevó a los expedicionarios a tomar una decisión prudente cuando apenas restaba un último destrepe para completar el recorrido.
Ante las condiciones encontradas y priorizando la seguridad del grupo, optaron por deshacer el tramo recorrido de la cresta y regresar por la canal de la Rimaya, completando así el descenso de forma segura y controlada.
La expedición también destacó el ejemplo de responsabilidad mostrado por dos de sus integrantes, que decidieron no continuar la ascensión debido a problemas con el calzado y a las dificultades que presentaba la fuerte inclinación del corredor. Una decisión que pone de manifiesto la importancia de la prudencia y la correcta valoración de los riesgos en la práctica del alpinismo. Para el grupo caudetano, esta ascensión supone una nueva experiencia de aprendizaje, superación y compañerismo en la montaña, además de la satisfacción de haber conquistado una de las grandes cumbres del país.









