De nuevo, la pólvora…

Editoriales

tirosLa pólvora vuelve a estar en el candelero. Hace unos días se enviaban las alegaciones que Caudete ha presentado al proyecto del Real Decreto por el cual se aprobará el nuevo Reglamento de Explosivos, y las esperanzas se centran en que las autoridades competentes sean sensibles con la tradición de la arcabucería, tan presente en las Fiestas de Moros y Cristianos.

De momento, para este año en Caudete se va a exigir que el solicitante esté en posesión de la licencia de armas de avancarga y la guía de su arma. Se tendrán que presentar fotocopias de ambos documentos en Arcabucería «El Rojo», lugar donde se puede hacer la petición hasta el día 31 de julio. Además, se podrán solicitar un total de 7 kilos de pólvora. Un kilo de pólvora el propio solicitante, y hasta seis kilos más que tendrán que recoger personas diferentes con un psicotécnico en vigor (es válido, por ejemplo, tener carnet de conducir). Se firmará un documento asumiendo la responsabilidad por parte del interesado, y con todo eso, finalmente se le dará una identificación que deberá lucir el festero en su caja de pólvora en los actos de disparo. Y todo esto suponiendo que desde la Subdelegación del Gobierno no se cambien las normas del pasado año.

Está claro que hay que adaptarse a los tiempos, y que las leyes son tan exigentes como lo somos nosotros cuando sufrimos un percance. Las compañías de seguros son muy puntillosas a la hora de un accidente con pólvora de por medio, y, por si fuera poco, el solo hecho de nombrar la palabra «pólvora», en un contexto como el actual, en permanente alerta terrorista, ya supone un handicap añadido a la problemática que arrastramos desde hace años.

Sin embargo, insisto en la falta de sensibilidad de la Administración con este problema. No voy a hacer comparaciones odiosas con otras festividades, ni con otras actividades peligrosas, como ya he hecho en alguna ocasión, pero sí que voy a hacerla con algo que me comentaba el otro día un amigo… Si alguien coge 20 euros y una garrafa, va a la gasolinera y la llena de gasolina, lleva en sus manos una bomba que puede causar un daño brutal. Y sólo le habrá costado 20 euros, sin trámite adicional alguno, y sin ningún tipo de control. Conseguir un solo kilo de pólvora negra para utilizar en las Fiestas, precisa de una licencia de armas de avancarga y un arma autorizada, que ya de por sí tendría que ser suficiente para poder adquirirla, pero, además, necesita implicar a otras personas para que manejen una pólvora que no van a utilizar y que terminarán depositando todos en un mismo lugar. Además, tendrá que firmar un documento de responsabilidad, aparte del seguro festero, y lucir una autorización en la caja. ¿Se precisa de tanta parafernalia para salir a cazar con armas de fuego reales? Yo creo que no.

Lo que sí es seguro es que todo esto son dificultades añadidas al precio de la pólvora. Más de 31 euros por un kilo de pólvora son pocos los que se lo pueden permitir. No es de extrañar que los actos de disparo en nuestro pueblo vayan en claro retroceso. Ya ha ocurrido que las dianas de las mañanas de Fiestas han pasado a ser musicales, y no con petardos, y quizás terminen por desaparecer (ojalá no…). Porque a los petardos también les ha llegado su hora, y para poder tirarlos en la vía pública es necesario tener una licencia. Recuerdo cuando de pequeño iba a las «casetas» y me compraba «minicas», o petardos, o «mistos de trueno», y luego disfrutaba en la cambra de mi casa explotándolos… ¡En estos tiempos podría haber acabado en la cárcel! Eso sí, una noche de Fiestas salí a la terraza con varios petardos que había recogido de la diana de ese día y me dediqué a tirarlos por las paredes. ¡Qué chulo! Lo malo es que mi madre había pintado la terraza para las Fiestas… y por la mañana lucían unos mascarones bien hermosos, así que ese día hubo «toros» en mi casa…

Si el nuevo Reglamento de Explosivos resulta al final tan poco operativo como sospecho, podría ser el principio, si no del fin, sí de una fuerte decadencia en la tradición de los tiros, tanto en Caudete como en el resto de poblaciones que celebran Moros y Cristianos.

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