Pedro Ortuño ofreció una interesante charla sobre Rafaela Navarro Albertos

Cultura

Pedro Ortuño Sáez, Licenciado en Humanidades, y muy aficionado a la historia de Caudete, impartió el sábado pasado una interesante charla en la sede de Ganemos Caudete sobre la vida de Rafaela Navarro Albertos. A este acto acudieron alrededor de un centenar de asistentes, entre los que se encontraban también una treintena de familiares de Rafaela.

En el acto se habló sobre la vida de esta singular caudetana, se leyeron poemas escritos por ella, y una de sus hijas también dirigió unas palabras a los presentes.

Para terminar el acto, Pedro Ortuño regaló un cuadro de la homenajeada a las hijas, cuadro que había realizado él mismo, y que recibieron emocionadas.

Ortuño nos ofrece el siguiente resumen con la biografía de Rafaela Navarro:

«Rafaela Navarro Albertos nacía un 6 de junio de 1915 en Caudete. Su padre, natural de Yecla, era José Navarro Yagüe, barbero y practicante de profesión, quien se casó con la caudetana Antonia Albertos Serrano. Vivían en la casa que hace esquina entre la calle Las Eras y calle La Huerta.

Rafaela fue la hermana mayor de trece hermanos. Cinco de ellos murieron antes de que ella cumpliera los veinticinco años. Su hermana Virtudes murió con once años de una grave meningitis y su hermano Juan murió con poco menos de dos años entre los brazos de Rafaela. Fueron dos muertes que marcaron mucho su vida; apenas tenía catorce años.

Fue con esa edad con la que comenzó a trabajar en “la Fábrica del yute”. Era una familia numerosa y los únicos ingresos que entraban a la casa eran por parte de su padre, ya que su madre se dedicaba exclusivamente a cuidar de sus hijos y de la casa.

A pesar de comenzar a trabajar, no abandonó la escuela, e iba por las tardes para que las monjas le enseñaran a coser y bordar. En este sentido, cabe destacar que desde muy pequeña, Rafaela Navarro mostró un gran interés por el aprendizaje y la cultura. Nunca decía “no” a aprender algo nuevo.

Con dieciséis años conoció a Mateo, quien sería el primer amor de su vida. El único inconveniente que tenían es que él era ocho años mayor que ella. Tocaba en un grupo musical de cuerda o rondalla. Casi todos los fines de semana se acercaban hasta la casa de Rafaela y bajo la ventana de su habitación solía cantarle serenatas. A los tres años de relación, Mateo cayó enfermo. En menos de un año, fallecía. Rafaela quedó con el corazón destrozado… apenas había cumplido los veinte años.

Se encerró en su casa, por lo que comenzó a pasar muchas horas en la barbería que tenían en la planta baja de su casa, ayudando a su padre José Navarro, que era practicante, ya que en aquellos tiempos en las barberías se solían realizar curas, coser heridas, etc.

Cuando algún vecino de Caudete no tenía suficiente dinero para asistir al médico, lo visitaban a él. Por lo general, era gente humilde con pocos medios que no podía permitirse ese gasto extra, por lo que solían pagarle a base de trueques.

El padre de Rafaela era dirigente en el Partido Comunista de Caudete, de ahí que le hablara de política a Rafaela desde muy pequeña. Con veinte años comenzó a tomar una gran conciencia política y se afilió a las Juventudes Socialistas de Caudete. Durante esta época se apuntó al Círculo de Teatro de Caudete, que consistía en llevar la cultura de la forma más fácil a las zonas rurales. También escribía poesía y artículos sobre política para revistas locales de Caudete.

Al año de todo esto, el 18 de julio de 1936, dio comienzo una guerra que enfrentaría a los españoles: la Guerra Civil. También llegó a Caudete y, aunque no era zona de mucho conflicto, sí lo era en los alrededores, ya que se encontraba en el punto de unión entre la capital y el Levante.

Al poco tiempo se instaló en Caudete un Hospital de Sangre en el edificio donde hoy se encuentra la residencia de ancianos: Residencia San Juan Evangelista. Consistía en un centro sanitario de campaña, el lugar donde los soldados heridos acudían a curarse y a recuperarse para poder seguir en la batalla. A José Navarro, su padre, lo nombraron como uno de los administradores del hospital.

Rafaela, desde un primer momento, se puso a colaborar como voluntaria para realizar curas. A finales de 1936 llegarían heridos de la Brigada 39 de la División 4. Entre ellos se encontraba Crescencio Rodríguez Bravo, de quien Rafaela se enamoraría nada más verlo.

Tuvieron un romance durante toda la guerra hasta que lo mataron en batalla a principios de 1939. Estuvo tres veces en Caudete desde que se conocieron. La primera vez por heridas en la pierna, la segunda por heridas en la cadera y brazo y, la tercera, debido a que pidió permiso para casarse con Rafaela, aunque el padre de ella no aceptó el matrimonio.

Una de las mayores preocupaciones de Rafaela durante la guerra era la escasez de recursos, sobre todo, de alimentos. Caudete era una población rural que subsistía a base del cultivo en el campo. Durante la guerra, la mayoría de hombres partieron a filas y no había gente que cuidara las plantaciones y, en consecuencia, no había alimentos. Ella sufría de ver ¡cómo había niños y gente mayor que no tenía nada que comer!

En 1937, Rafaela solicitó al Ayuntamiento de Caudete un lugar para instalar un comedor colectivo, aprobando prestarle un espacio municipal. Entre varios vecinos lo improvisaron con mesas, sillas y fuegos. En plena guerra, viajó hasta Valencia para solicitar alimentos al Comité de Ayuda Internacional – Socorro Rojo Internacional- “en su labor de Ayuda al Niño”. La respuesta fue positiva, por lo que comenzaron a traer alimentos hasta nuestro pueblo para el comedor que habían puesto en marcha.

El 7 de mayo de 1938, en sesión plenaria del Ayuntamiento de Caudete, Rafaela Navarro Albertos recibe la credencial de Consejero Municipal, convirtiéndose en la primera mujer en la política caudetana. Durante su periodo político desarrolló mucho más las ayudas a la gente que necesitaba recursos, tanto de un bando como de otro, y potenció el comedor colectivo.

A principios de 1939 se estaban realizando obras en la cocina, entendiendo con esto que se estaría realizando una mejor cocina, en la que trabajaban dos voluntarias caudetanas, y ella se encargaba de la gestión y la administración, tanto del comedor como del almacén donde se guardaba la comida.

Rafaela entró como Consejero, mientras estaba inscrita en las Juventudes Socialistas Unificadas por el Partido Comunista de España. Después del golpe de Estado de Segismundo Casado, por no apoyar la continuación de la guerra, es expulsada del PCE, mostrando la documentación en el Pleno de 25 de marzo de 1939.

Apenas unas semanas después terminaba la guerra, ganando el bando franquista. Tanto su padre como ella son denunciados por vecinos de Caudete. Rafaela consigue escapar de su casa, aunque no tuvo la misma suerte su padre, a quien detuvieron y lo llevaron al calabozo. Rafaela escapó y se escondió en la cambra de una de sus tías, que vivía a pocas calles de su casa. Su padre sería mandado a la cárcel de Burgos y después a una cárcel de Madrid.

La tía que tenía escondida a Rafaela hacía comida y lavaba la ropa para los soldados italianos pertenecientes al régimen fascista de Musolini, que estaban instalados en Caudete después de la guerra. Tener escondida en su casa a su sobrina era un peligro para toda la familia, por lo que habló con los italianos, contándoles la situación y esperando ayuda. Esa ayuda le llegó, ya que fueron los italianos quienes, en un camión y entre sacos de patatas, llevaron a Rafaela desde Caudete hasta Alicante.

Al llegar a Alicante comenzó a servir en una casa de gente adinerada y conoció a José Pertusa Gil, quien dos años después se convertiría en su marido. La madre y hermanos de Rafaela se habían quedado en Caudete y morían de hambre, por lo que se fueron a vivir con Rafaela y José al barrio de Santa Cruz (Alicante), en una casa que apenas tenía dos habitaciones.

Rafaela trabajó como nadie para sacar a su familia adelante. Fue madre de sus hijas, de sus hermanos, incluso, de su propia madre. Además de servir en una casa, también cosía, limpiaba casas y peinaba a las vecinas para intentar conseguir mantener dignamente a su familia.

A José Navarro, su padre, de la cárcel de Madrid lo llevaron a la de Murcia, donde sería asesinado con arma de fuego el día antes de salir en libertad, el 6 de julio de 1944. Tuvo cinco hijas y un hijo, que falleció al nacer.

Finalmente, Rafaela fallecía el 31 de marzo de 2004, con ochenta y ocho años, en el Hospital de San Juan de Alicante.»

Fuente: Pedro Ortuño Sáez | Fotos: Chimo Medina

 

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