Pólvora vs pólvora.

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FotoMi primera pretensión cuando empecé a escribir este artículo era hacerlo como comentario al editorial de Miguel Llorens del pasado día 26, acerca de las fiestas con vaquillas y las fiestas con pólvora, pero la extensión del comentario ha determinado que el mismo se convierta en este artículo.

De entrada me llama la atención el poco tiempo que el citado editorial se ha mantenido en portada. Seguramente Miguel, como hombre precavido y dando ejemplo con la pólvora, la ha quitado del primer plano de actualidad dando entrada al tremendo calor que se avecinaba, y que ya nos ha llegado, en otro editorial alusivo al calor, no se fuera a incendiar aquella.

Bromas aparte, yo creo que el debate que verdaderamente nos debe de preocupar es el de la “pólvora vs pólvora”. Si todas las comparaciones son odiosas, vamos a dejar que las tradiciones referentes al mundo de las vaquillas o encierros de toros resuelvan sus inconvenientes para seguir celebrándolos, los que tengan o les puedan surgir, y vamos a centrarnos en nuestra problemática con la pólvora porque agravios comparativos propios los tenemos al alcance de la mano sin necesidad de acordarnos de localidades en las que se celebran suelta de vaquillas o encierros famosos como los de San Sebastián de los Reyes o Pamplona. Por cierto, en esta última localidad concretamente, para celebrar sus tradicionales sanfermines, todas las madrugadas a lo largo de ocho días se valla el recorrido del encierro adecuadamente, se recoge  la basura acumulada desde la tarde-noche anterior, y es más, se despeja completamente de personal, se encuentre en el estado de embriaguez que se encuentre y se resista quien se resista. En este sentido, más que “versus”, tendríamos que fijarnos en ver cómo hacemos nosotros para que principalmente algunos tramos de calle para nuestros desfiles se vean despejados. Sería lamentable y hasta inaudito que exigiendo tanto cuidado con la pólvora (cuando ya lo tenemos) el accidente llegara a nuestras fiestas por la negligencia de no despejar adecuadamente una calle por la que van a transitar caballerías, tractores y carrozas.

Pero volvamos a la pólvora. Lo que es un verdadero agravio comparativo es que en localidades donde se hace uso de la pólvora porque se celebran fiestas de Moros y Cristianos, por pertenecer a una u otra comunidad autónoma o provincia, las exigencias para el uso de la pólvora sean tan distintas, los criterios tan dispares y la vigilancia tan desigual. Al margen de  nuestro pueblo, todos conocemos más o menos las fiestas de Alcoy, de Villena, de Biar, de Almansa o de Yecla y que me diga alguien que criterio unificador hay para la disposición, reparto y uso de la pólvora. Incluso entre pueblos de la misma comunidad y provincia.

Asumiendo que no podemos auto legislarnos, si echo de menos el que localidades con tanta tradición en el uso de la pólvora como la nuestra no hayan presionado continuamente a la UNDEF a la que pertenecemos para que de su mano, al menos por comunidades autónomas, pongan blanco sobre negro lo exigible en cada caso. Hace ya siete u ocho años asistí a una reunión de la UNDEF en Benejama y ya se dijo entonces que se iba a proceder como correspondiera para elevar esta problemática al Congreso Nacional de Diputados y que este legislara sobre este asunto para aplicar por igual en todo el estado. O mucho me equivoco o me temo que aquello quedó en agua de borrajas.

Tampoco sé hasta qué punto los gobiernos municipales pueden influir en el cumplimiento más o menos severo de la normativa arguyendo tradiciones y costumbres, pues todos sabemos que en las Fallas de Valencia se siguen realizando “despertás” con petardos de golpe y estos últimos días Alicante en Hogueras ha sido un verdadero infierno de explosión de petardos de todo tipo vendidos en “carromatos” ubicados cerca de las hogueras y barracas bajo no sé que control.

La verdad es que son muchos los “no sé qué” que estoy esgrimiendo, y para colmo el pasado sábado no pude asistir a la asamblea informativa que a los efectos que nos ocupa convocó la Asociación de Comparsas, pero sigo con el convencimiento de que podemos y tenemos que resolver los agravios comparativos del uso de la pólvora entre los usuarios de la misma con mayor celeridad y sin necesidad de acudir a otras costumbres también potencialmente peligrosas contra la seguridad de las personas.

Gaspar Albertos.

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