¿Por qué nuestro cerebro se fija más en lo negativo?
Muchas personas expresan algo parecido:
“Sé que tengo cosas buenas en mi vida, pero aun así me cuesta sentirme bien”.
Esto genera mucha confusión.
¿Por qué, incluso cuando aparentemente todo está en orden, nuestra mente vuelve una y otra vez a la preocupación, al miedo o a lo negativo?
La respuesta tiene mucho que ver con cómo funciona nuestro cerebro.
Un cerebro construido para sobrevivir
Desde la neurociencia sabemos que el cerebro humano evolucionó durante miles de años en entornos donde la prioridad no era la felicidad, sino la supervivencia.
Nuestros antepasados necesitaban detectar amenazas rápidamente: un depredador, un peligro en el entorno, la pérdida del grupo. Aquellos cerebros que reaccionaban antes al riesgo tenían más probabilidades de sobrevivir.
Por eso nuestro sistema nervioso está especialmente preparado para percibir posibles amenazas.
Una de las estructuras clave en este proceso es la amígdala, una pequeña región del cerebro implicada en la detección del peligro y en la activación de respuestas emocionales intensas como el miedo o la alerta.
Investigaciones en neurociencia afectiva han mostrado cómo la amígdala puede activarse con gran rapidez ante estímulos potencialmente amenazantes, incluso antes de que seamos plenamente conscientes de ellos, como han descrito estudios del neurocientífico Joseph LeDoux, especialista en los circuitos cerebrales del miedo y la emoción.
Además, diferentes investigaciones han observado que el cerebro puede responder con mayor intensidad a los estímulos negativos que a los positivos. A este fenómeno se le conoce como sesgo de negatividad. El psicólogo social Roy F. Baumeister, profesor e investigador en psicología conocido por sus estudios sobre la conducta humana y la autorregulación, explicó en su trabajo “Bad is stronger than good” (2001) cómo las experiencias negativas tienden a tener un impacto psicológico más fuerte que las positivas.
En la misma línea, el psicólogo y neuropsicólogo Rick Hanson ha popularizado la idea de que el cerebro es como “velcro para lo negativo y teflón para lo positivo”, para explicar cómo nuestra mente tiende a retener con más facilidad las experiencias desagradables que las agradables.
En otras palabras: nuestro cerebro puede prestar más atención a lo que podría salir mal que a lo que ya está bien.
El sistema nervioso y la sensación de seguridad
La teoría polivagal, propuesta por el investigador Stephen Porges, plantea un modelo para comprender la relación entre el sistema nervioso autónomo, la percepción de seguridad y las respuestas ante posibles amenazas. Aunque algunas de sus propuestas son objeto de debate científico, ha contribuido a divulgar la importancia de la relación entre las sensaciones corporales, las emociones y el entorno.
Ante situaciones percibidas como amenazantes, nuestro organismo puede activar respuestas de lucha, huida o inmovilización. Estas respuestas tienen una función protectora, pero también pueden aparecer ante situaciones cotidianas que no suponen un peligro inmediato para nuestra vida.
Estrés laboral, conflictos relacionales, presión constante o sobrecarga emocional pueden contribuir a mantener estados de alerta prolongados.
Y cuando el cuerpo está en alerta, puede resultar difícil experimentar calma o bienestar.
Entenderlo cambia la mirada
Comprender cómo funciona el cerebro ayuda a dejar de interpretar estas reacciones como un fallo personal.
No se trata necesariamente de debilidad ni de falta de actitud positiva. Muchas de estas respuestas están relacionadas con nuestra biología, nuestras experiencias y el contexto en el que vivimos.
Sin embargo, el cerebro también posee una gran capacidad de cambio. Gracias a la neuroplasticidad, podemos desarrollar nuevos aprendizajes y recursos para afrontar situaciones difíciles. La regulación emocional, los vínculos, el movimiento corporal y determinadas prácticas de autocuidado pueden contribuir al bienestar.
No podemos cambiar el diseño evolutivo del cerebro.
Pero sí podemos aprender a comprenderlo y relacionarnos con nuestras emociones de una manera más consciente.
Desde Nevado Siempre Sonríe compartimos contenidos educativos y divulgativos sobre bienestar emocional humano y animal, comunicación, autocuidado y vínculo humano-animal. A través del blog, el podcast y nuestros recursos educativos, invitamos a conocer mejor nuestras emociones y a reflexionar sobre su relación con el cuerpo y las experiencias cotidianas.
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Porque el bienestar emocional no consiste en eliminar las emociones difíciles, sino en aprender a convivir con ellas sin permanecer constantemente en estado de alerta.
Sobre la autora
Rosario Peiró Requena es escritora, docente y divulgadora. Licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Málaga (España) y licenciada en Psicología por la Universidad Fray Luca Paccioli (México), titulación que cuenta con declaración oficial de equivalencia al nivel académico de Grado en España.
Creadora de Nevado Siempre Sonríe.


