QUEMAR “A” IGLESIAS, ¿FUEGO AMIGO?

Gaspar Albertos

Lean bien el titular y ni omitan ni dejen de asimilar la función que en el mismo tiene atribuida la preposición “a”, no sea que al final nos quedara un titular más propio de la década de los años treinta del siglo pasado ahora que aún se pretende incidir más, si no teníamos bastante con la Ley de Memoria Histórica, con otra ley que han dado en llamar de Memoria Democrática. Así como si nuestra principal ley, la Constitución Española, no hubiera reparado nada de aquella triste década y de las que le sucedieron, cerrando heridas que hoy se pretenden abrir por algunos.

Pero vayamos a la importancia de esa “a” del titular en cuanto lo que supone que Pablo Iglesias ha vuelto a ser considerado investigado por el juez García Castellón ni más ni menos que por cuatro delitos en lo que se ha dado en llamar “caso Dina”. Si, aquella a la que “por no haber cumplido todavía los treinta años” Pablo Iglesias estimó que debía protegerla acerca de la sensible información sacada de la tarjeta del teléfono robado a ”la pobre chica”.

A raíz de esta vuelta a la condición de investigado o imputado, como no, todo el entorno de Podemos ha salido en defensa de su líder cuestionando la independencia judicial ahora que así le conviene considerarlo. Cuando el mismo juez lleva adelante espinosas investigaciones acerca de posibles delitos de la cúpula del PP, está cumpliendo su deber.

Pero como en esto de la independencia del poder judicial, mientras los políticos no saquen sus manos del mismo, nadie va a demostrar que existe o no existe, más le valdría a Podemos (ellos que no creen en esa independencia judicial) cuestionarse quien ha influido en esa decisión del juez García Castellón de volver a imputar a Pablo Iglesias.

Con su teoría de que aquí nada es fortuito, fácil es pensar que con la que está cayendo a nivel epidemiológico y lo que esto  económicamente está suponiendo y va a suponer para nuestro país, ¿no será que se está contemplando una legislatura corta y Pedro Sánchez empieza a desbrozar (o quemar, por aquello del título) todo lo que en su entorno político más próximo se pueda considerar nocivo? ¿No estará esperando a que Podemos pegue “la espantá” para así tener las manos libres en su acercamiento a Ciudadanos (sólo para aprobar los presupuestos) a la vez que poder señalar hacia su izquierda volviendo a recordarnos las atrocidades políticas de aquel que le quitaba el sueño?

Porque una cosa es contar con Podemos para mantenerse en el poder y otra muy distinta disputarse con ellos el electorado de izquierdas ante un posible adelanto electoral. De ahí que cuando se habla de “fuego amigo” también se puede interpretar que “cuanto más primo, más te la arrimo”.

En estos próximos días vamos a ver a la parte de gobierno socialista declarar solemnemente que hay que dejar actuar a la justicia, pero en todo caso no va a exigir, como lo ha venido haciendo con todos sus adversarios, que cualquier político imputado en ejercicio de sus funciones, debe dimitir. Porque en tal caso, si no dimitiera, Pedro Sánchez se vería en la necesidad de cesar a Pablo Iglesias como vicepresidente de gobierno. Pero Pedro prefiere que Pablo se vaya consumiendo en su propia salsa acuciado por la justicia, y observándolo desde lo alto de la caldera alimentada con ese fuego amigo, le pueda decir: “No puedo hacer nada por ti. Decidiste convertir tu coleta en un moño y ahora no tengo por donde agarrarte”.

Gaspar Albertos.

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