QUI MAI HA PORTAT BRAGUES, LES COSTURES LI FAN LLAGUES

Gaspar Albertos

Viene a cuento este original refrán valenciano por lo que ayer se escenificó en el Palau de la Generalitat de Barcelona con motivo de la visita del presidente del gobierno español rindiendo pleitesía a un Quim Torra suspendido como diputado del Parlament y pendiente de una confirmación de sentencia que también certifique que ya no es presidente de Cataluña.

Pero no voy a entrar ahora en lo oportuno de la reunión en cuanto a lo que supone un inicio de negociaciones con contenidos impuestos por los independentistas inasumibles para el estado español. Tiempo habrá de ir analizando todo lo que se adelanta que se debe negociar.

Ahora lo que trato de plasmar en este artículo es lo que ha supuesto de ridículo, bochornoso, provinciano y hasta cutre, lo que desde la Generalitat de Cataluña se ha pretendido ofrecer como una ceremonia de cumbre de estado entre dos naciones una como anfitriona y la otra como visitante.

Como no hay tradición, como no hay estilo, como no hay clase, el resultado no ha sido más que un bodrio más propio de risa o de pena que del respeto que estos actos merecen cuando se realizan con la debida “solera”.

Vamos a empezar por el entorno: la plaza de Sant Jaume de Barcelona con bocacalles llenas de vociferantes independentistas portando carteles en contra del estado español y del representante del mismo que, quiéranlo o no, lo es a su vez de ellos mismos. Pero claro, es que el anfitrión estuvo hasta el último momento intentando colgar una pancarta en el balcón de la Generalitat totalmente ofensiva contra el estado español y, aun así, aún colocó otra de subliminal mensaje.

Ya en el interior, cual pontífice que llega de sus aposentos, el Molt Honorable baja por una escalera enmoquetada y comienza a saludar a miembros de la comitiva que acompaña a Pedro Sánchez, entre ellos al “todopoderoso asesor y supervisor” Iván Redondo: patético lo del asesor. Cuando le toca el turno de saludar a Quim Torra, mientras éste cruza dos besos (?) con una señora, Iván Redondo ya hace dos ademanes a destiempo de levantar su mano (a modo de muñequito de Famovil) para estrecharla con la de Torra hasta que, por fin, acierta, y a continuación hace una reverencia con la cabeza como si de un monarca se tratara. Dicen las malas lenguas que, aún en Barcelona, tuvo que ser tratado por un fisioterapeuta para aliviar la contractura contraída motivo de tal saludo.

Ahora sale Quim Torra hacia la puerta del Palau pasando por delante de un cuerpo de guardia de los Mossos ataviados a la antigua usanza, eso sí, combinando un elegante uniforme compuesto por sombrero de copa, chaqueta con doble botonadura y calzón largo, con un calzado a modo de esparteñas de loneta azul que nada dicen con el uniforme y más parecen lo que en mi pueblo denominábamos como unas “zapatillas moneras”. Eso sí, saludos militares al Molt Honorable a diestro y siniestro y sin ton ni son.

Ya en la puerta, Quim Torra saluda al recién llegado Pedro Sánchez y después de un pequeño titubeo en cuanto a la posición de cada uno para pasar revista al cuerpo de guardia de los Mossos inician el camino hacia el interior con Pedro Sánchez un poco adelantado sobre Quim Torra, cuando éste se gira para saludar con una inclinación de cabeza una especie de guion de los Mossos formados, (a modo de banderín de los que usaba la OJE), y Pedro Sánchez, que un metro más adelantado observa de reojo tal saludo, se vuelve como diciéndole al banderín: “hola”. De traca. A todo esto, el Mayor de los Mossos y el jefe de los de las “espardenyes”, manteniendo el saludo militar mientras los acompañaban o bajando y subiendo la mano a la sien a su antojo. Ridículo.

En fin, que tómese el título de este artículo como ejemplo de lo que se pretende ser, sin saberlo ser, que dicho título en valenciano será bien entendido por el señor Quim Torra y a Pedro Sánchez se lo podrá traducir el valenciano José Luis Ábalos, a ver si aunque sea traduciendo es capaz de decir una sola verdad.

Gaspar Albertos.

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