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Sociedad. Ciudadanía. Notas dispersas Artículo de Óscar de Caso

He colocado en el título del escrito que presento hoy las palabras «NOTAS DISPERSAS». Es uno de los métodos de trabajo que utilizaba el imprescindible señor Pla, don Josep. Escribía en su cuaderno: pensamientos, criterios, anécdotas sobre distintos temas que luego las publicaba en el mismo orden que las había escrito, de ahí lo de «dispersas». Las mías las he agrupado con el epígrafe: SOCIEDAD, CIUDADANÍA.

— La sociedad civil fue básicamente el motor que empujó, al margen del Estado, a los artífices de la Transición a adoptar lo que esa sociedad reclamaba: decisión, coherencia, ruptura o gran reforma, justicia. La situación cambió poco después de las elecciones de junio del 77. A partir de aquí, esa misma sociedad civil le pasó el testigo a los partidos políticos, lo que supuso que la política se hiciera de arriba hacia abajo, sucediendo posteriormente la lógica desilusión.

—Esos intrépidos chicos de detrás de las pancartas de Mayo del 68, pudo parecerles al poder gente peligrosa, que debía de domesticar, ¿cómo los amansó? ¡fácil! los introdujo en el mercado, cuando años más tarde portaron carteras ministeriales, algunos, demasiados quizá, accedieron a degustar en abundancia sustancias muy ilegales, junto a vendimias muy selectas servidas en lugares muy lujosos. Tanta gratuita opulencia, al parecer, les cegó la capacidad de distinguir la corrupción de la honestidad y la justicia con los crímenes de Estado.

—El poder vivir en una sociedad le debe procurar al ser humano libertad e igualdad, primordialmente. La convivencia entre igualdad y libertad se complica, y mucho, cuando los poderes económicos y algunos sociales irrumpen en la misma y provocan el desastre de transformar la igualdad en algo utópico y la libertad en un esperpento.

—Se habla demasiado de alcanzar la justicia social a través de la modernidad. Lo que algunas personas vienen a confundir, es que una sociedad es moderna tan sólo si disfruta de justicia social. Pónganle un pensamiento…

—Según los sabios sociológicos que estudian estos temas, en las sociedades capitalistas, una persona de cada tres está resuelta a prescindir del obligado respeto a los demás, a no luchar por una sociedad más justa e incluso a transformarse en un salvaje sin sentimiento alguno.

—Los terribles males que generan las sociedades muy capitalizadas son: absoluta indiferencia ante las desgracias ajenas, insolidaridad para con los pobres y pasar con descaro de las normas que una convivencia social impone. Todo esto aumentará el odio, la codicia y una indiferencia absoluta a todo aquello que no produzca dinero fácil y rápido.

—Si la ciudadanía quisiera ser liberada de tanto político infame, es preciso que desee ser rescatada. Si, por el contrario, se encuentra ensimismada o embrutecida, barata rebelión (nunca revolución) se producirá. También parece evidente que para conseguir una transformación social real, justa y precisa no se les puede pedir a la gente corriente que se transformen en titanes. Tan sólo somos personas…

—Los movimientos sociales: desahucios, médicos, funcionarios, etc. Por sí solos, no tienen, ni pueden tener el suficiente empuje para construir un llamamiento social amplio y transversal.

—El concepto ciudadano únicamente debería ser aplicado sólo a aquellas personas conscientes de serlo y que se aplican a sí mismos además de los propios derechos también las debidas obligaciones.

—La sociedad que se está construyendo a través de la educación y la enseñanza vendrá a ser sosa, aburrida. Estará dirigida por técnicos, todo estará porcentuado. En lugar de aupar individualidades con probada inteligencia se socializará la sabiduría.

— La mayoría de la ciudadanía está mansa, bastante frívola. Les parece que casi todo lo tienen resuelto. Los quebrantos que les suceden, se suponen, son culpa del gobierno. En su evidente docilidad, eluden obligaciones y no consienten límites en sus aspiraciones.

—A muchos españoles les preocupa España, pero no como nación. En cambio, la religión y la otra vida en el más allá, tienen fe en ella, pero paradójicamente no les interesa.

—Para intentar poder solventar la grave crisis política que padecemos, la sociedad tiene el deber de asumir unas decisiones trascendentales con sus correspondientes consecuencias, que esta misma sociedad debe aceptar obligatoriamente, por más jodidas que sean.

—Las virtudes y los defectos compiten en un oxímoron al cincuenta por ciento. El ciudadano español es desconfiado. Se permite infringir las leyes, pero cobarde para enfrentarse a ellas y tratar de cambiarlas. Nos sentimos casi satisfechos bramando quejas, eso sí, apoyados en la barra del bar únicamente. En los cabreos más febriles levantamos una pancarta.

— Lo que se conoce en la jerga política como Interés General es un amago de construir, con mucha imaginación, algo sólido que no existe en la sociedad.


El imprescindible señor Herrera, don Ángel Antonio cierra el escrito del día, describiéndonos en los próximos párrafos el panorama social que a su criterio hay en España:

«Yo mantengo un cansado cabreo estable, ante el panorama crudo, y ya no me crispa, pero si me aburre que la dicha la avale Instagram, que el Congreso incluya guateque, que la ley la dicten los urgentes, que el VAR resuelva los muertos de frontera, que el cariño se acredite con mascotas. La inflación en alegre crecida, la gasolina como una lujuria para dueños de un Porsche, el aguacate a precio de esmeralda, la vivienda tamaño Tokyo y Putin probando a exterminar. Porque me hablan en emoticonos, porque nosotros, los de entonces, no somos los mismos, porque un ministro es un cualquiera, porque son virtuales las letras del menú y porque vas más a la farmacia que a la pastelería.»


Óscar de Caso

Colaborador de Caudete Digital. Opinión política