Todo cambia…

Editoriales

belenMe gustan las buenas tradiciones, como las buenas costumbres. Me gusta la Navidad, como me gustan las Fiestas Patronales de Caudete, o que vengan los Reyes Magos cargados de regalos. De momento, ninguna tradición me ha traumatizado.

Hay gente a la que le molestan las tradiciones, y hacen un drama de casi todo. En Madrid, hasta los Reyes Magos o la misma Navidad han servido de polémica. La abuelita Carmena dijo que no quería que se instalasen belenes porque los espacios públicos son de todos los madrileños y no sólo de los católicos… Que haga lo que quiera, para eso la han votado los madrileños y es la alcaldesa, pero no por eso deja de parecerme una imbecilidad. Las fiestas navideñas no creo que inspiren al odio o que puedan considerarse peligrosas. Tampoco son estrictamente religiosas, aunque su base lo sea, y no hay que sentirse acomplejado por disfrutar estos días aunque uno sea laico o ateo. La mayoría creo que lo tiene claro, pero algunos movimientos quieren ser tan tolerantes que se convierten en sectarios.

Al fin y al cabo, la Navidad no deja de ser una época especial. Es una buena excusa para que las familias se reúnan, muchas veces porque el periodo vacacional lo permite, son unos días para disfrutar contemplando esos belenes que muchas veces son obras de arte, y es también, por qué negarlo, una época de consumo. Hay quien dice que se consume en exceso, pero no olvidemos que estamos en una sociedad consumista a la que nos encanta comprar. Es probable que quien reniegue de las compras navideñas trabaje en alguna empresa que venda sus productos en Navidad o en cualquier otro momento del año, lo que le permite vivir a él. Todo tiene su contrapartida…

A los que quieren acabar con todo lo que huela a tradiciones o a religión, les tengo que decir que a veces dan mucha pena, penita. Si lo que quieren destruir no hace daño, antes al contrario, es una actitud fanática más que otra cosa. Quitar una imagen de un santo, un cuadro o un belén porque representa al «cristianismo genocida» como he llegado a oir, pues me produce un sentimiento de tristeza ante la incultura que algunos pueden esgrimir para defender no se sabe qué. Desde luego, no defienden ni la tolerancia, ni el respeto. Por suerte, la mayoría de las personas están muy por encima de todas esas tonterías.

Al final, Carmena tuvo que poner belén. Más pequeño, eso sí, pero los madrileños han hecho proliferar más belenes en la calle y en asociaciones privadas este año que en años anteriores. Quizás sea la respuesta a Carmena, como diciéndole que pese a sus propuestas absurdas, no hay porqué hacerle caso. Esta señora se ha propuesto enfrentar a los madrileños y abrir heridas medio cerradas, y al final lo conseguirá.

Miguel Llorens Tecles

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