defensa propia

¿Ustedes qué harían, benditos lectores? Artículo de Óscar de Caso

Óscar de Caso

Si un ladrón, presunto asesino o violador entrase en su hogar, como sucede siempre, llevando malas intenciones y armado con pistola, cuchillo, palo o con sus propias manos, es evidente y necesario que tendría que defenderse y elegir entre la vida del asaltante o la suya. La elección es justificada y además legítima. Se defendería de la amenaza con cualquier medio (sea el que sea) que tuviese a su alcance. Lo que no es de recibo es preguntarle las intenciones que tiene el ladrón; tampoco sería lógico esperar a que le agrediese; llamar a la policía de su pueblo o ciudad sería una pérdida de tiempo inútil, para cuando llegasen ya estaría usted frío y tieso.

Doy casi por sentado que, con los nervios, su familia amenazada y la oscuridad de la noche con el agravante de su posible avanzada edad, si estuviese en posesión de un arma de fuego, un hacha o similar, la usaría contra el intruso sin contemplaciones.

Es posible que hayan escuchado una noticia parecida semanas atrás, cuando un ladrón saltó la valla de una vivienda durante la noche, y su propietario se defendió con una escopeta ocasionando la muerte del asaltante. También es posible que estén enterados que este hombre permanece encerrado, de momento, en prisión por estos hechos.

En los Estados Unidos de América la intrusión en propiedad privada sin permiso del propietario está muy penada y casi le ofrece la justificación al dueño de pegarle un par de tiros al asaltante. El origen de esta norma viene desde la época de los colonos, donde la ley y los sheriffs no podían proteger a toda la población debido a las enormes distancias que existían entre las diferentes propiedades.

En algunos pueblos y ciudades de la España actual viene ocurriendo algo similar. Bien por causas burocráticas inexplicables o bien por causas económicas muy explicables. Hay jornadas enteras en que la Policía Local no presta servicio de ayuda y protección a los contribuyentes ¡desde hace años! En caso de que se sufra un asalto o agresión tienes que ser auxiliado por la Guardia Civil, y dependiendo de dónde se encuentre ésta, el tiempo en llegar es indeterminado. Incluso en aquellas localidades que disponen de cuartel de la Benemérita, si te llegas a dicho cuartel encontrarás, colgado en la puerta, un número telefónico a donde dirigirte; ya no te atienden personalmente.

Una situación muy similar es, cada vez más probable, que se produzca cuando tú y tu familia viajéis un par de semanas a visitar a la abuela. Y para sorpresa, a la vuelta, os encontréis a unos okupas pernoctando en vuestra casa, y sin ánimo alguno de marcharse. Se os ponen delante diversas opciones: esperáis varios años a que la justicia se ponga en funcionamiento, con el agravante del coste de abogados, procuradores, visitas al juzgado, oportuno pago de luz y agua, y el lógico alquiler de otra vivienda donde residir. Segunda opción: preguntarles con candidez y cariño qué cantidad de dinero aceptarían, como donativo filantrópico, para que abandonasen el piso. O la última de las posibilidades: pedirle al cuñado la escopeta de caza, cargarla con posta lobera, y colocársela al intruso en su escroto con la amable conminación de que se vaya de la casa en ese instante. Ustedes eligen, benditos lectores. Ante estas situaciones yo ya tengo tomada mi decisión, otro día se la cuento.

Termino aquí, que ha llegado mi cuñado y me ha traído lo que le pedí…

NOTA POSTERIOR.- Este escrito se publicó hace tres años, coincidiendo con los hechos relatados. Hace unos días se abrió juicio contra este hombre y ¡sorpresa! le declararon culpable con una condena de un par de años. Conclusión: leyes de mierda aprobadas por políticos infames.


Joaquín Sabina y Antonio Oliver compusieron la canción «De purísima y oro» en 1999, dentro del disco «Nos sobran los motivos». No pretenden ajustar cuentas con el pasado. Tan sólo es un retrato generacional de la posguerra, sufrida y vivida en persona; sonetos repletos de arte como siempre sabe hacerlos el señor Martínez Sabina, don Joaquín.

Academia de corte y confección,
sabañones, aceite de ricino,
gasógeno, zapatos topolino,
«el género dentro por la calor».

Para primores galerías Piquer,
para la inclusa niños con anginas,
para la tisis caldo de gallina,
para las extranjeras Luis Miguel.

Para el socio del limpia un carajillo,
para el estraperlista dos barreras,
para el Corpus retales amarillos
que aclaren el morao de las banderas.

¡Tercer año triunfal!, con brillantina,
los señoritos cierran «Alazán»,
y, en un barquito, Miguel de Molina,
se embarca, caminito de ultramar.

Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la «señá» Cibeles,
cautivo y desarmado
el vaho de los cristales.

A la hora de la zambra, en «Los Grabieles»,
por Ventas madrugaba el pelotón,
al día siguiente hablaban los papeles
de Celia, de Pemán y del bayón.

Enseñando las garras de astracán,
reclinaba en la barra de «Chicote»,
la «bien pagá» derrite, con su escote,
la crema de la intelectualidad.

Permanén, con rodete Eva Perón,
«Parfait amour», rebeca azul marino,
«Maestro, le presento a Lupe Sino,
lo dejo en buenas manos, matador».

Y, luego, el reservao en «Gitanillos»,
y, después, la paella de «Riscal»,
y, la tarde del manso de Saltillo,
un anillo y unas medias de cristal.

—»Niño, sube a la suite dos anisettes,
que, hoy, vamos a perder los alamares»—
De purísima y oro, Manolete,
cuadra al toro, en la plaza de Linares.

Habían pasado ya los nacionales,
habían rapado a la «señá» Cibeles,
volvían a sus cuidados
las personas formales.

A la hora de la conga, en los burdeles,
por san Blas descansaba el pelotón,
al día siguiente hablaban los papeles
de Gilda y del Atleti de Aviación.