V Centenario de la muerte de Fernando El Católico

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Por Rogelio Rafael Gómez Medrano

Hay quien olvida, de manera intencionada o por ignorancia, que la memoria histórica va más allá de la guerra civil de 1936 y que   también es memoria histórica recordar a los personajes y los acontecimientos históricos ocurridos en cualquier momento de nuestro pasado, próximo o remoto, porque ellos hicieron de nosotros una gran nación y nos dieron unas señas de identidad que nos distinguen de otras naciones.

¿Qué quiero decir con esto? Pues quiero decir que hay otros acontecimientos históricos dignos de ser tenidos en cuenta, como el que en este momento me preocupa.

En el presente año de 2016, se tendría que estar recordando y conmemorando con actos públicos institucionales como charlas, conferencias, homenajes y hasta películas de las cuales las hay en abundancia, el 5º centenario de la muerte de un gran personaje de nuestra Historia como lo fue Fernando el Católico, rey de Aragón, de Cataluña, Valencia, Baleares y Navarra, rey consorte de Castilla, unificador de España y promotor del descubrimiento de América junto a su esposa y reina Isabel de Castilla. Rey de Sicilia entre los años 1468 y 1516 y rey de Nápoles de 1504 a 1516. Mediante el Tratado de Barcelona en 1493 recuperó el Rosellón y la Cerdaña ocupados por Francia desde el año 1463. Sin embargo, y a pesar de todo lo dicho, está olvidado, al menos que yo sepa hasta este momento.

Fernando el Católico nació en la villa aragonesa de Sos, cerca de Navarra, pasadas las dos horas del mediodía del 10 de marzo del año 1452 y murió el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo, aldea de la ciudad de Trujillo, en la provincia de Cáceres. En esta pequeña localidad cacereña, a la puerta de la casa que ocupó, hay una placa que dice lo siguiente: «Falleció el muy alto y poderoso rey Don Fernando el V de Gloriosa Memoria, aquí en esta cámara de Madrigalejo en la casa de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe, miércoles día de San Ildefonso entre las tres y las cuatro de la mañana que fueron  XXIII días del mes de enero de MDXVI.” Fecha ésta para la que solicito su conmemoración, al igual que se está conmemorando, merecidamente, este mismo año, el 4º centenario de la muerte de Cervantes. Ellos nos engrandecen.

Dice Pedro Mártir de Anglería en una carta fechada el mismo día de la muerte de Fernando el Católico “El señor de Tantos reinos, el adornado de tantas palmas, el propagador de la religión católica y el vencedor de tantos enemigos, murió en una miserable casa rústica y, contra la opinión de las gentes, pobre. No había nacido en una choza, si bien se consideraba engendrado en una, y era rey, quizás en esos momentos el más poderoso de todos…”

Este escrito de alabanza a tan importante personaje, merecería la pena ser tenido en cuenta, pero como digo, nada hemos oído ni leído que nos traiga al recuerdo la figura de Fernando el Católico, con actos en su honor. El olvido tal vez se deba a que Fernando de Aragón fue el artífice de haber conseguido la unificación de la Nación española y la presión de los nacionalismos haya cohibido a los políticos españoles con más conciencia de la nación española, evitando así enaltecer la figura y la obra de tan ilustre personaje. Los nacionalistas no lo tienen como santo de su devoción, les hubiese gustado más una España dividida y rota, que en definitiva es lo que pretenden para conseguir sus fines, a pesar de que somos la Nación más antigua de Europa.

España, nuestra nación, ya estuvo unificada en otros periodos de nuestra Historia, como lo fue en la época de los romanos, época en la que su unidad fue organizada en regiones administrativas para su mejor gobierno y control, y más tarde, con los visigodos, también estuvo unificada, teniendo como capital del Reino la ciudad de Toledo.

Pero no sólo Fernando el Católico terminó la Reconquista y unificación de España, también apoyó y financió el gran viaje de Cristóbal Colón que lo llevó al descubrimiento de un Nuevo Mundo llamado América, siempre con el apoyo de su esposa, la reina Isabel la Católica de Castilla. El descubrimiento fue uno de los acontecimientos históricos más grandes de la Humanidad, que de no haberlo apoyado él y su esposa, otros lo hubiesen apoyado, y para otros hubiese sido el reconocimiento, el orgullo y la gloria de haberlo realizado, con todos los matices que se puedan poner, porque ciertamente algunos abusos se cometieron por gente que quedó fuera de control. Pero no era esa la intención de los reyes de España ni de Cristóbal Colón, sino la de evangelizar y transmitir a los nuevos territorios la cultura que nosotros habíamos recibido en otros tiempos por parte de otros pueblos que a su vez nos la habían transmitido, como fueron los fenicios, los griegos y los romanos entre otros, aunque al recibir esa cultura, en algunos casos, también fuimos motivo de atropellos y barbaries.

Para evitar esos abusos, junto a Colón, fueron frailes como Bartolomé de las Casas, “Procurador o protector de todos los indios de las Indias”, con la intención de evangelizar a las gentes de las nuevas tierras descubiertas. Ésta fue la auténtica realidad. Pero dado nuestro carácter destructivo, tendemos más a valorar lo ajeno que lo propio, restándole importancia al acontecimiento y criticando el hecho con dureza, lo que para otras naciones sería un sentimiento de orgullo. No podemos hacer una crítica sin ponernos en los tiempos en los que ocurrieron los acontecimientos, sin tener en cuenta las formas de vida, las costumbres y los niveles culturales de la época. Al proceso de culturización de España por los romanos dándonos a conocer su lengua, el latín, su cultura, su arte, sus leyes y sus costumbres fue llamado romanización, siendo considerados con el tiempo los españoles ciudadanos romanos.

Eso que todos asumimos con satisfacción, cuando somos nosotros los transmisores de parte de esa cultura y del cristianismo que formaba parte de nuestra moral religiosa, entonces somos feroces críticos. Nuestro proceso de transmisión de nuestra cultura a América es similar al romano y recibe el nombre de hispanización. Toda esta ingente obra de expansión cultural en el Nuevo Mundo tiene como protagonista principal un hombre, un Rey del que revindicamos su memoria y reconocimiento como fue Fernando el Católico, rey de Aragón y consorte de la reina de Castilla Isabel la Católica.

Como gran hombre de Estado que era  utilizó sabiamente las alianzas matrimoniales de sus hijos para ampliar sus relaciones internacionales y establecer compromisos para la seguridad de nuestra Nación. Con esta intencionalidad política casó a su primogénita Isabel (1470-1498) con Alfonso de Portugal, pero al quedar viuda se volvió a casar con el Rey Manuel de Portugal, pero tras este matrimonio falleció Isabel y su padre Fernando concertó un nuevo matrimonio del Rey Manuel con María (1482-1517), otra hija del Rey Fernando. A su hijo Juan lo casó con Margarita de Austria, hermana de Felipe el Hermoso, marido a su vez de Juana la posteriormente llamada la Loca. A su ija Catalina(1485-1536) la caso con Arturo, príncipe de Gales y tras la temprana muerte de éste, la volvió a casar con Enrique VIII de Inglaterra. Como vemos, hizo una amplia y variada política de casamientos propia de un auténtico estratega, hasta tal punto que mereció ser tenido en cuenta por Maquiavelo en su obra el Príncipe. Tan importante personaje que no merece nuestro  olvido.

Nadie en aquel momento, tras su nacimiento, pensaba que el pequeño príncipe aragonés se llegaría a convertir en el rey de reyes peninsular.

Tras la muerte de su esposa Isabel, sucedida en 1504, también olvidada, se volvió a casar con la francesa Germana de Foix, sobrina del rey francés Luis XII, pero el amor hacia su primera esposa Isabel la Católica, le llevó a expresar su deseo de ser enterrado junto a ella en la Capilla Real de Granada. Preocupado por la salvación de su alma, lo que dice mucho de su fuerte sentimiento católico, dejó el encargo de que se celebrasen diez mil misas por su alma.

Honor y gloria a tan ilustre personaje.

Para completar su información y estudio recomiendo la lectura de los siguientes libros:
1.- Fernando el Católico, de Ernerst Belenguer, Ediciones Península
2.- Los viajes de Colón
3.- Historia de las Indias, de Fray Bartolomé de las Casas, Alianza Editorial
4.- Orbe Novo, de Pedro Mártir de Anglería, Editorial Alción

Autor: Rogelio Rafael Gómez Medrano