A vueltas con Donald Trump y… sobre Cataluña

Debe ser bastante desagradable que a uno le salga el tiro por la culata cuando está convencido  de que tenía a la pieza justo en el centro de la mirilla telescópica para abatirla sin más remisión. Figuradamente, que se te quede el hombro destrozado de manera inesperada y no poder volver a dispararle, no te da más opción que gritarle a la pieza, denostarla y, con el paso del tiempo, como el zorro a las uvas, decir: “no están maduras”.

Esto es lo que les ha ocurrido a muchos con respecto a sus fundadas esperanzas de doblegar las posibilidades de Donald Trump de salir elegido presidente de los Estados Unidos de América a favor de la candidata demócrata Hillary Clinton.

Pero no, la legitimidad de las urnas ha dicho otra cosa y tenemos que reconocer y respetar lo que el pueblo norteamericano ha elegido libre y democráticamente. ¿Cómo se siente cualquier estado democrático cuando se pretende interferir en sus asuntos internos o en su relación con los demás? ¿Acaso teníamos que haber aplaudido a Hugo Chávez cuando éste insultó gravemente al ya ex presidente de España, José María Aznar, en una cumbre iberoamericana? Más allá del famoso “¿por qué no te callas?” de nuestro rey Juan Carlos, recomiendo recordar la defensa que José Luís Rodríguez Zapatero hizo de su adversario político, pero compatriota, Aznar, años atrás elegido presidente de todos los españoles. En el siguiente enlace se puede apreciar esto muy claramente:

Mientras la “hoguera” encendida contra Donald Trump se va apagando, la prendida por los independentistas catalanes parece que va a más y, de momento, no parece que vayan a aparecer los bomberos. Es más preocupante que curiosa la tibieza de los poderes del estado español con respecto al desafío secesionista catalán. Imaginen ustedes que una persona  ya conflictiva en su comportamiento anuncia un día en una plaza pública que al día siguiente va a atracar la oficina bancaria, sita en dicha plaza, y que agredirá a quien se le resista. ¿Las fuerzas de seguridad del estado, por instrucción de quien corresponda, deben actuar con carácter preventivo para que no lo haga, o esperar a que ocurra lo que sea y ya le pondremos delante de un juez? Pues algo parecido, en beneficio del presunto delincuente, está ocurriendo con el desafío independentista catalán.

Tampoco ayuda mucho al apaciguamiento de este asunto el que muchos tertulianos, periodistas o no, de programas de radio y televisión le estén pasando continuamente la mano por el lomo al minino diciendo que lo que está faltando por parte del gobierno para domesticarlo es el aplicar “política”, sin llegar a explicar en qué consistiría para ellos esa “política”, ya que ante la postura secesionista, a poco que lo quieren explicar, de inmediato se dan de bruces con la unidad, la soberanía y la igualdad de los españoles.

Yo tengo otro nombre para lo que esos tertulianos quieren aplicar como política: “pasteleo”.

O lo que es lo mismo: acomodarse al gusto o dictamen ajeno por algún fin particular.

Gaspar Albertos


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