El perenne retraso del reloj de la Torre

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Resulta ya imposible calcular desde cuándo el reloj de la torre marca y toca las horas con 10 minutos de retraso.

Si al menos lo hiciera por adelantado podría decirse que presta su servicio con exceso de celo: todo el mundo que se guía por él, bien mediante la vista o bien por el oído, llegaría a la hora, pero esos 10 minutos de retraso lo convierten en un instrumento con un servicio inútil, absurdo, confuso.

Total, que se instala una máquina, que sustituye a la que era un valiosísimo objeto de artesanía, y esa sustituta, que se dijo temporal, cumple su cometido de una manera holgazana. También es horrible la velocidad excesiva y el sonido de las horas. Éstas, de siempre, eran tocadas por la campana del Sermón y no por la Gorda como lo hace actualmente.

Un experto francés de relojes de torre, Monsieur Courtens, cuando lo vio, y de esto hace años, se quedó ojiplático y sorprendidísimo, haciéndole una cantidad de fotos incontables, comentando que ese mismo reloj en Francia estaría en un museo de relojería, expuesto en vitrina de seguridad, con la categoría de pieza excepcional del genio.

¿Nadie de los responsables de todo esto es capaz de hacer el mínimo esfuerzo en recuperar una de las escasísimas joyas que quedan en Caudete?

¡Es indignante! Y demuestra el poco interés y cultura de esta Villa, condenada a la vulgaridad más rotunda y, en definitiva, a la desaparición de lo mucho que poseyó y que se está dejando perder con una despreocupación, yo diría felicidad idiota,  que clama al cielo.

José Sánchez Amorós
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