Bodegas Santa Margarita triunfa con sus vinos de colores y de cannabis

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Fuente: ABC Castilla La Mancha /


Los vinos se dividen en blancos, tintos y rosados, según los estándares de la viticultura. Pero, ¿por qué no pueden ser azules, verdes, rosas, naranjas, dorados e, incluso, mezclarse con una pequeña cantidad de cannabis? Esta posibilidad es la que convirtieron en realidad dos hermanos, Andrés y Lorenzo, con el proyecto que pusieron en marcha, hace ya casi dos décadas, en Caudete.

Fue en 2003 cuando se fundó Bodegas Santa Margarita, partiendo de la base inicial de la actividad que venían desarrollando sus antepasados, de origen español pero criados en Francia. Su amor por las plantas y el vino, les llevó a crear un vivero de viñedo que gracias a la calidad de sus productos, fue creciendo hasta convertirse en una de las empresas pioneras en su campo: la selección y producción de viñas de varias variedades de uva de una calidad esmerada.

Como consecuencia de los conocimientos adquiridos durante varias generaciones en el campo de la viticultura, empezaron a vender uvas a terceros. Pero, al poco tiempo, Bodegas Santa Margarita se abrió paso en la elaboración y crianza de grandes vinos. Con un viñedo propio de 140 hectáreas, los tipos de uva con los que trabajan son: Verdejo, Chardonnay, Tempranillo, Merlot, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Garnacha, Pinot Noir, Petit Verdot, Monastrell, Syrah, Macabeo y Sauvignon Blanc, entre otras.

Aprovechando su red comercial, se embarcaron en un ambicioso proyecto edificando una bodega, donde acogen actividades relacionadas con el enoturismo y que está dotada con las más innovadoras instalaciones, pero sin dar la espalda a las prácticas tradicionales a la hora de elaborar los vinos. La uva es tratada con el mayor esmero y controlada por un amplio equipo técnico a pie de campo hasta que se recepciona, culminando en el embotellado de sus vinos «Hoya Hermosa» y «Pasion Wines», acogidas a la especificación de Vinos de la Tierra de Castilla.

Sin embargo, la crisis económica del 2008 les obligó a cerrar su embotelladora y a vender solo vino a granel. Esta situación supuso un punto de inflexión en la trayectoria de Bodegas Santa Margarita, ya que dieron un giro a todo lo anterior. Fue entonces, tras un tiempo de reflexión, cuando los responsables del proyecto decidieron crear vinos de colores.

El primero de ellos fue su vino azul, que vio la luz en octubre de 2015. Estos vinos de color se obtienen mezclando una gran cantidad de vino blanco con una proporción menor de uva tinta, junto con una pizca de mosto, y el color azul se obtiene gracias a dos pigmentos: antocianinas, un componente que se encuentra en la piel de las uvas rojas, e indigotina.

Según cuenta Noelia Ribera, una de las responsables de la bodega albaceteña, de esa primera creación sacaron 300 botellas. Tras varios contactos, los supermercados de la costa levantina lo pusieron a la venta, debido a la proximidad de Caudete a esta zona, y tuvo un éxito increíble por la novedad. «Los guiris nos los quitaban de las manos», recuerda.

Uno de los principales mercados que puso el objetivo en este vino tan novedoso fue el holandés, que empezó a comercializarlo en su país y de ahí llegó a otros países del entorno, aunque hoy los frutos de Bodegas Santa Margarita están por todo el mundo, en países tan dispares como Rusia, China, Líbano, República Dominicana e incluso Estados Unidos.

Al vino azul le siguió el rosa, elaborado a partir de las variedades Garnacha y Syrah, luego el naranja -muy solicitado en Holanda también por ser los colores de nación-, el verde y el dorado, todos ellos obtenidos con pigmentos naturales y la piel de las uvas bajo el nombre de «Pasion Wines».

Y en 2018 la bodega albaceteña dio un paso más en su proyecto y creó «Winabis», un vino elaborado con extracto de cannabis (0,01%), «totalmente legal», asegura Noelia Ribera, que destaca las tres estrellas que obtuvo el pasado año en el concurso «Ibérica Awards» celebrado en Londres.

El objetivo de este lanzamiento, afirma, «es ser atractivos para aficionar a los más jóvenes a este mundo. Los millenials no consumen mucho vino y, por ello, hay que innovar para vender». En cualquier caso, la responsable de Bodegas Santa Margarita tiene un lema, que viene que ni pintado: «Para gustos los colores».

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