Camino Primitivo

Editoriales

El primer peregrino que visitó al apóstol Santiago fue el rey Alfonso II «El Casto», en el año 813. Cuando se enteró de la aparición del cuerpo del santo, quiso ser testigo del acontecimiento, y partió desde Oviedo, la que entonces era la capital del Reino. A ese itinerario que siguió en su peregrinar hacia Compostela, se le llama Camino Primitivo.

Con el traslado de la capitalidad a León, y la creciente afluencia de peregrinos desde Europa, fue cobrando más importancia la ruta llamada «de los franceses». Así surgió el Camino de Santiago Francés, la ruta jacobea más conocida.

Sin embargo, no es la más hermosa, a mi entender. A través de las montañas de Asturias y Galicia, el Camino Primitivo conduce al peregrino a su destino tras 320 kilómetros de paisajes espectaculares, gente amable y hospitalaria, y mucha, mucha tranquilidad. Nada que ver con la masificación que sufre el Camino Francés, pero que tiene su coste: un trazado más duro, con menos albergues, menos núcleos poblados, algunas zonas inhóspitas, y en el que es posible transitar en la más absoluta soledad.

Y el tiempo… El tiempo aqui transcurre distinto, y en vez de segundos, son tus propios pasos los que marcan el devenir de cada día. Marcas el ritmo de tu vida. Nada, ni nadie, lo marca por ti. Un paso, y otro, y uno más… Con lluvia, o con sol, o con niebla. Subiendo a la Sierra Fanfaraón, en busca de los antiguos hospitales de peregrinos, o atravesando los bosques y ríos. Sólo tu determinación te lleva adelante a conseguir un objetivo que no tiene una explicación lógica.

Es una aventura personal. Un reto. No el conseguir llegar: el reto es proponérselo. Y empezar a caminar. Acabarlo o no, es secundario. Lo grandioso es ser capaz de tomar la decisión de dejar las comodidades, dejar a un lado las excusas, y embarcarse en una aventura que cualquiera puede llevar a cabo. En la decisión, sin salir aún de casa, está el verdadero mérito.

Hace once años estuve alli. Y ahora, vuelvo. Quizás porque quien ha estado, ya nunca vuelve de alli del todo. Puede, incluso, que encuentre algunos de mis pasos que, entonces, perdí. Y también dejaré algunos, para volver a recuperarlos algún día…

Buen Camino

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