Caudetanos al borde de un ataque de nervios

Editoriales

¡Se lió la madeja! Después de meterme varias veces con el coche por dirección prohibida, esta mañana he subido a almorzar andando. Y he ganado en salud física y mental.

Yo sé que las cosas se hacen por bien, pero a las personas normales nos cuesta un tiempo adaptarnos a las nuevas rutinas, y eso de ir en el coche mirando las señales de tráfico nos supone un sacrificio importante. Sí, lo hacemos fuera del pueblo, pero tener que hacerlo aquí es como un plus de esfuerzo añadido.

Y es que, cuando ya te habías medio acostumbrado a que no podías ir de un tirón de la calle Luis Pascual a La Zafra, dos vías importantes que se cortaban unos metros antes de su recorrido completo para obligarnos a recordar dónde está el Centro de Mayores, o que Dos de Mayo había pasado a ser mitad en un sentido y mitad en el otro, ¡ZAS!, otro cambio nos obliga de nuevo a agudizar los sentidos o a practicar el sano deporte de andar, fin último, creo yo, que persiguen nuestras autoridades, con buen criterio, por cierto, en materia de salud ciudadana.

Es verdad que llevamos una época movidita con el tráfico. Todo empezó con las obras de la Plaza del Carmen, y es que todo el mundo entiende que la circulación, obligatoriamente, tenía que adaptarse a las necesidades del momento. Pero si mal no recuerdo, el proyecto contemplaba que la calle de El Molino sería de subida hasta la Plaza del Carmen. Sin embargo, en el último momento hubo cambio de criterio y, lo que era de subida, fue de bajada y, por consiguiente, había que reordenar el tráfico en buena parte de la zona centro.

Al parecer, la reordenación fue un poco precipitada, puesto que solo una semana después se han introducido nuevos cambios. No sé si serán las últimas modificaciones, pero lo cierto es que estos días es muy habitual ver vehículos dando la vuelta en mitad de la calle (como me pasó a mí), o transitando tan felices sin ser conscientes de que van por dirección prohibida. Si somos realistas, los conductores somos los que tenemos que fijarnos en las señales, y aunque está bien echarle la culpa al concejal de turno, también hay que ser honestos y aceptar nuestra parte (importante) de culpa.

Pero al margen de todo esto, no es menos cierto que los cambios que se están haciendo en el centro neurálgico del pueblo son de mucho calado, y se tienen que llevar a cabo tras mucho estudio y una vez que todas las opciones están contempladas. Ni que decir tiene que el cambio de sentido de una sola vía influye en el global, por lo que un solo cambio genera una cascada de afecciones en las calles adyacentes, y estas en las suyas, y así sucesivamente. De hecho, la reordenación del tráfico se suele encargar a empresas especializadas, puesto que se trata de un rompecabezas en el que no siempre encajan todas las piezas, como parece ser el caso…

Pues venga, ánimo a los conductores caudetanos, que cualquier día nos sabemos ya el sentido de todas las calles. Eso sí, mucha precaución, no corráis, y mirad bien por todas partes.

Vamos, como si nos fuésemos a examinar del carné otra vez.

Caudete Digital

 

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