El coche eléctrico

Editoriales

El gobierno ha anunciado por sorpresa que en 2040 ya no se podrá vender en España otro tipo de coche que no sea eléctrico. Y en 2050, estará prohibido que ningún vehículo que no sea eléctrico, circule por nuestro país.

La medida parece tomada de forma muy precipitada. De hecho, ni siquiera se consultó con los fabricantes de coches, ni con otros actores de esta película. Pasados unos días, los fabricantes parecen más animados… si el gobierno compensa económicamente dicha transición a las marcas, que ya empiezan a vislumbrar subvenciones en el horizonte.

Pero la cuestión es, primero, si esto será posible en la práctica, y segundo, si estamos tecnológicamente preparados para ello. Hay que tener en cuenta que 20 años pasan demasiado rápido para un cambio tan drástico en la sociedad.

Hoy por hoy, disponer de un coche eléctrico sólo está al alcance de economías, digamos, desahogadas… Los eléctricos son muy caros, los puntos de recarga, escasos, y la autonomía de las baterías, todavía bastante limitada. Por otra parte, el impacto en la industria automovilística es muy significativo, y será precisa una reconversión importante que, a buen seguro, será traumática en ciertos aspectos.

Pero el gran problema que existe con los coches eléctricos, lo que es verdaderamente el meollo de la cuestión, son las baterías. Todo lo demás, está prácticamente superado, pero las baterías suponen gran parte de los interrogantes y problemas de cara al futuro del transporte… y del medio ambiente.

Las baterías están compuestas de cobalto, cobre, grafito, litio o manganeso. Cuando pensamos en contaminación, visualizamos el humo del coche. Pero la masiva utilización de baterías, muy contaminantes si no se reciclan adecuadamente, pueden suponer un impacto medioambiental grave. Y si no, pensemos en los más de 30 millones de coches que hay en España… Actualmente, en la Unión Europea sólo el 5% de las baterías de litio se reciclan (desde las de móviles, hasta las de coches), con lo cual… tenemos un problema serio con esto, si la industria del reciclaje no avanza al mismo ritmo que el de la creación de baterías.

Otra cuestión relacionada con las baterías está en la altísima contaminación que produce la extracción de los metales pesados que las componen, cuyos yacimientos, normalmente, están muy alejados de los lugares donde se fabrican estos acumuladores, sumando más contaminación en su transporte y manipulación.

Y si hablamos de los precios, habría que hablar de que el cobalto, por ejemplo, ya se ha disparado en Bolsa un 270% en pocos meses. Estos elementos no son tan abundantes como podemos creer, y los países que los producen quieren su tajada, como ha ocurrido con el petróleo, por ejemplo. Normal, pero es algo que habrá que regular de alguna forma…

Todo esto se está empezando a ver ahora, cuando parece que los gobiernos, especialmente, tienden a la imposición del coche eléctrico como una forma rápida de atajar los problemas relacionados con el cambio climático. Es como si los gobiernos quisieran lavarse rápidamente las manos en este asunto, descargar responsabilidades en los contribuyentes y zanjar de este modo gran parte del problema medioambiental, que no es exclusivo, ni mucho menos, del transporte.

En mi opinión, queda mucho por andar, y que aprender. La energía eléctrica tiene sus problemas y, además, hay que crearla. Si para abastecer el alto consumo eléctrico que se avecina, es necesario construir nuevas centrales nucleares, como algunos plantean, o si hay que obtenerla de un modo que no sea de fuentes «limpias» (energía eólica o solar), el avance no parece muy prudente.

Llegados a este punto, vuelvo a reiterar, como otras veces, mi posición absolutamente favorable a que los coches eléctricos sean el futuro de la automoción en todo el planeta, por el bien del medio ambiente. Creo que es el sistema menos contaminante hoy en día, a pesar de los problemas que he nombrado. Eso sí, creo que no hay que precipitarse, como ya he comentado en alguna ocasión, si con ello cometemos errores de bulto. Las prisas nunca son buenas, y una planificación a nivel mundial es, más que nunca, imprescindible.

Caudete Digital

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