Farmacéuticas al Poder

Editoriales

La Hepatitis C tiene tratamiento, lo que no parece tener solución es la codicia y la falta de escrúpulos. La industria farmacéutica mantiene en un jaque constante a los gobiernos y ciudadanos de todo el mundo porque en sus manos tienen, en muchas ocasiones, nada menos que la vida y la muerte.

Gracias a las farmacéuticas, el tratamiento y cura de enfermedades ha avanzado hasta límites que pocos podían predecir hace 50 años. Sin embargo, sus productos forman parte del entramado de nuestra sociedad no sólo a nivel particular, sino también a niveles gubernamentales. Los sistemas sanitarios dependen en buena medida de esta poderosa industria, y las negociaciones y acuerdos entre los gobiernos y las farmacéuticas suponen una de las cuestiones con más aristas de las que podemos pensar a priori.

Don Dinero manda en todo, y las empresas que investigan y comercializan medicamentos tienen como fin principal ganar cuanto más, mejor. Para poder invertir, y, por tanto, poder seguir investigando, pero también porque la definición de empresa así lo estipula: una empresa puede existir mientras sea rentable, y todos los que de una forma u otra aportan capital, puedan ganar todavía más.

Todas estas negociaciones entre farmacéuticas y, especialmente, gobiernos, no sale a la luz pública. De hecho, suelen ser secretas en la mayoría de los casos. Porque claro, está muy feo eso de cuantificar en dinero la vida o la salud de las personas, aún cuando no hay más remedio que hacerlo. Este es el caso de las negociaciones que está llevando a cabo el gobierno español con las empresas que comercializan los nuevos tratamientos de la Hepatitis C. Al parecer, España ha conseguido un precio más barato que otros países, pero, aún así, hay que recordar que los medicamentos para un tratamiento cuestan el sueldo bruto de un médico… La Unión Europea se ha mostrado como incapaz de negociar, y cada país se las tiene que ventilar por separado para llegar a los mejores acuerdos posibles. Como un mercadillo, vamos…

Algunos países están pagando 60.000 euros por tratamiento, y otros, como India, 700… Es decir, la industria no tiene reparos en poner el precio más alto que calcula que puede pagar cada país, algo que para España supone, incluso, un serio peligro de colapso finaciero en el sistema de la Seguridad Social, puesto que una vez probada la eficacia del tratamiento, los gobiernos están obligados a administrarlo.

Hagamos una simples cuentas: cada tratamiento de tres meses cuesta 25.000 euros, y tenemos en España alrededor de 30.000 afectados que lo necesitarían. Eso supondría unos 750 millones de euros para los tratamientos de tres meses de los enfermos. Ahí es nada…  Las cifras reales se desconocen, porque la enfermedad es "silenciosa" y tarda en dar síntomas, pero el Ministerio maneja cifras en torno al medio millón de infectados, la mayoría sin diagnosticar. Evidentemente, todos los enfermos tienen derecho al tratamiento, lo que yo me pregunto es, ¿cómo se puede pagar? ¿Y cómo es posible que el tratamiento que aqui nos cobran a ese dineral, lo vendan en otros paises a 700 euros? ¿No tenemos unas instituciones europeas que se supone que están para estas cosas, es decir, velar por los intereses de sus ciudadanos y defenderlos?

Hay otras cuentas que son más dramáticas. La realidad es que cada día mueren en España una media de diez personas por Hepatitis C. También por otras enfermedades, pero lo importante es saber que existe un remedio seguro para evitar la muerte por ésta, y que por una cuestión económica, cada día mueran personas.

Como digo, el gobierno parece ser que ha negociado un precio más ajustado, y se anuncia tratamiento para todos. Quiero imaginar que será así, y que todos los enfermos podrán acceder a las medicinas. Pero sigo haciendo hincapié en la actitud de las farmacéuticas, especialmente de la americana Gilead, que aún sabiendo que ese medicamento lo van a amortizar muy rápido, están mercadeando de una manera ofensiva con la vida de muchos enfermos. Los Colegios de Médicos españoles ya han denunciado que una patente no puede estar por encima de la salud, y tachan de "abusivo" y "codicioso" el precio de este medicamento que, por cierto, se llama Sofosbuvir.

No trato de atacar a las farmacéuticas con estas reflexiones, pero sí llamar la atención sobre algo que, a priori, parece una injusticia. Es cierto que cuesta mucho dinero investigar, pero seamos realistas: las grandes compañías farmacéuticas tienen unas ganacias que para sí querrían otros muchos sectores. Investigar cuesta mucho, pero estas empresas hace años que disponen de los recursos más que necesarios para las investigaciones que proyectan, siempre, claro está, dirigidas a enfermedades con un buen número de potenciales clientes…

Hay un científico llamado Richard Smith que ha publicado un libro titulado "Medicamentos que matan y Crimen Organizado". Este hombre es una eminencia y durante 30 años trabajó en las farmacéuticas más importantes, hasta que llegó a la conclusión de que era inmoral trabajar en la industria. Smith dice en una reciente entrevista, «Normalmente, las empresas dicen: “Si no gastáramos nuestro dinero en investigación, moriríamos”. Pero las compañías farmacéuticas lo que dicen realmente es: “Si no tenemos vuestro dinero para gastarlo en investigación, vosotros moriréis”. Sólo los líderes religiosos son más listos que ellos, pues prometen que seremos recompensados tras la muerte, lo que hace que sea completamente imposible quejarse.»

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