Gaza

Editoriales

Resulta complicado entender qué ocurre en ese lugar del mundo llamado «la Franja de Gaza», y más aún tomar partido por una de las posiciones enfrentadas. Se trata de un conflicto endémico, interesado y desigual en su armamento, porque si Israel cuenta con una poderosa maquinaria bélica, los palestinos tienen mayoritariamente a su favor a la opinión pública mundial.

Es peligroso, y muchas veces injusto, decantarse por el más débil sólo porque es el más débil. En este caso, conviene conocer en profundidad la compleja problemática que envuelve el enfrentamiento israelí-palestino antes de emitir juicios de valor que pueden no tener sustento real, ni moral.

No es arriesgado afirmar que el mayor y más duro sufrimiento lo padece en sus carnes el pueblo palestino, pero no está tan claro quién es el culpable directo de dicho sufrimiento. El gobierno palestino de Hamás es una organización yihadista, nacionalista e islámica que dispone de un poderoso brazo armado, las Brigadas de Ezzeldin Al-Qassam, considerado como una organización terrorista por la Unión Europea, Estados Unidos, Reino Unido y Australia. Desde su entrada en el gobierno palestino, se han radicalizado las posiciones no sólo con Israel, sino también con la propia oposición palestina, muestra de que Hamás no es, precisamente, un interlocutor fácil. Su táctica se basa en la provocación, sobre todo con el lanzamiento de cohetes de forma sistemática sobre territorio israelí, para desencadenar una respuesta militar y mostrar al mundo los mortales resultados de la misma. El objetivo es tan sencillo como efectivo, ya que la opinión pública se muestra proteccionista con el «indefenso» y Hamás consigue así un apoyo mundial considerable.

Los beneficios directos para Hamás no son meramente propagandísticos, y la muestra está en su cada vez más poderoso arsenal militar. Los cohetes de última generación de los que dispone actualmente distan mucho de aquellos semi-artesanos que lanzaba en sus inicios, y hoy en día son capaces de llegar a casi cualquier zona de Israel. Pero para llegar a eso, a Hamás no le ha importado mucho sacrificar a su pueblo, llevándolo una y otra vez al desastre para poder culpar a su vecino y obtener los réditos pertinentes.

Israel, por su parte, tampoco puede mantenerse impasible mientras es objetivo de los cohetes palestinos. Y es difícil luchar contra la provocación cuando hay una frontera de por medio. Habría que ponerse en situación y pensar en lo que tendría que hacer España si desde Portugal, por decir algo, se lanzasen cohetes contra España. ¿Tendríamos que aguantar indefinidamente? La diferencia sólo está en el tamaño y en la capacidad bélica del vecino.

Pero repito que lo triste y lamentable es la muerte de personas a consecuencia de la incapacidad de los gobiernos para resolver un conflicto que ya dura demasiado. Israel no puede hacer un uso desproporcionado de la fuerza, y Hamás no puede usar a su pueblo como un muestrario de cadáveres para reivindicar el establecimiento de un estado islámico.

 

Miguel Llorens Tecles

Deja una respuesta