Inseguridad Ciudadana

Editoriales

Pueblos y ciudades de toda nuestra geografía sufren a diario la lacra de la delincuencia organizada, y también de la desorganizada. Caudete, sin ser ajena a la primera, padece más esa delincuencia que surge espontánea, poco organizada, y con fines que, a menudo, no persiguen más que la destrucción por puro divertimiento, al amparo de una vergonzante impunidad.

Caudete vive ahora otro de esos momentos álgidos en los que los robos y asaltos a chalets y casas de campo, incluso robos a personas en plena calle, están a la orden del día. El pueblo vive con preocupación estos hechos, pero la indignación se hace más patente cuando los culpables están a la vista de todos y una coraza legal los protege de una forma directamente proporcional al daño que producen a las personas de bien.

La Guardia Civil realiza su trabajo de forma profesional, pero existe, como no podía ser de otra forma, un cierto sentimiento de frustración cuando culminan sus investigaciones y ponen a los delincuentes a disposición de un juez que, en más ocasiones de las deseadas, y sobre todo si se trata de menores, aplica la ley de la manera más suave posible… por llamarlo de alguna forma. Dicho de otro modo, no es cierto que las Fuerzas de Seguridad no realicen bien su trabajo, sino que el resultado final del proceso "investigación – detención – juicio" es que el sujeto está en la calle pocos días después, por mucho que se demuestre su culpabilidad, incluso su reincidencia.

Como digo, esto es especialmente sangrante en los menores, que saben perfectamente dónde tienen los límites, que son, paradójicamente, casi ilimitados… Delincuentes de 15, 16 o 17 años, perfectamente conscientes de sus acciones, se aprovechan de unas leyes sobreprotectoras para con ellos, pero muy dañinas para el resto de personas, casi indefensas ante sus desmanes. Este es el resultado de tener vigente una Ley del Menor absolutamente desequilibrada, que buscando la protección del menor ante situaciones de riesgo o desamparo, ha generado índices de delincuencia infantil muy preocupantes.

Caudete lleva 36 años aplicando acciones sociales sobre colectivos y zonas desfavorecidas concretas, como Las Cuevas, donde se han invertido miles y miles de euros. Estadísticamente, el nivel de delincuencia proviniente de estos colectivos ha aumentado en todo este tiempo, a pesar de las ayudas, programas de reinserción o adecuación de las zonas donde viven. Para poco, o para nada, han servido estas ayudas, si tenemos en cuenta que no ha habido interés alguno por parte de los receptores de esas ayudas en mejorar su nivel cultural, de formación, incluso sanitario, por poner algún ejemplo.

Caudete cuenta con entidades como Cáritas o Cruz Roja, aparte de los Servicios Sociales municipales, que evitan situaciones extremas entre la población más necesitada. Pero, sorprendentemente, en Caudete podemos ver que los robos no siempre buscan un fin económico, sino que en muchas ocasiones buscan causar daños con el sólo objeto de divertirse. Sinvergüenzas de esta calaña los tenemos en Caudete, como también en muchos otros sitios, y creo que estos delitos todavía tendrían que tener mayor castigo, porque el que roba para comer bastante desgracia tiene, pero el que disfruta destrozando, no tiene justificación alguna.

Todos los gobiernos municipales han prometido en su Programa Electoral que lucharían y terminarían con la delincuencia de la que hablamos. El PSOE lo prometió, y el PP lo prometió. ¿Quiere esto decir que no han hecho nada al respecto? No, tanto unos como los otros pusieron los medios que tenían, o tienen, a su alcance para luchar contra este problema. De hecho, es uno de los problemas que a cualquier gobierno le gustaría solucionar de raíz, pero la dificultad es enorme, teniendo en cuenta que los medios materiales y humanos son limitados, y la forma de hacer daño, muy sencilla. De todas formas, una mayor presencia de la Guardia Civil, que tiene más competencias ante este tipo de delincuencia, siempre es deseable, y me consta la reiterada petición al respecto por parte del gobierno municipal. Lamentable es, eso sí, antes y ahora, que se utilice este tema como arma política arrojadiza, cuando demostrada está, por unos y por otros, la dificultad para atajar el problema.

Algo podemos hacer, pero no mucho. Denunciar es lo primero y principal. Denunciar robos, pero denunciar también a esos delincuentes, aunque sean bajitos, que van rompiendo papeleras, retrovisores, bombillas o farolas,… Mucha gente no se atreve a denunciar por posibles represalias, pero esto no siempre es así, y, de todas formas, es la única vía para poder hacer algo. No dejemos que sean impunes… Todos llevamos móviles con cámaras; a veces, una foto o un video pueden ser suficientes. Pero, repito, la denuncia es nuestra única defensa ante los delincuentes.

Hubo en su momento grupos de "autodefensa" que buscaban proteger sus bienes de manera particular, pero ésa no creo que sea la vía adecuada. Hay muchas voces que ven en ello una solución, pero también es una forma relativamente fácil de que una persona honrada se meta en un lío que le arruine la vida para siempre. Creo que la presión de la Policía y la Guardia Civil, por un lado, y las denuncias de los ciudadanos, por el otro, tienen que ser los que arrinconen a estos sinvergüenzas que intentan amedrentarnos un día sí, y otro también.

Eso sin contar con una reforma de la Ley del Menor mucho más justa y responsable, algo que sería básico para mejorar esta situación, pero que no vislumbro a corto plazo.

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