La falsa presión independentista

Editoriales

Continúan los pasos hacia ninguna parte de los grupos independentistas catalanes, liderados por un cada vez más cuestionado Arturo Más. También salen a la luz las tácticas utilizadas durante años para fomentar el odio hacia el resto de España en Cataluña. Entre estas tácticas, nos encontramos las millonarias subvenciones a más de trescientos medios de comunicación (televisiones, radios, periódicos,…) por parte del gobierno autonómico a cambio de seguir la rigurosa estrategia nacionalista de los que pretenden perpetuarse como reyezuelos de «su patria».

No sé cómo llamar a ese uso del dinero público de todos los catalanes, independentistas o no, dirigido a unos medios de comunicación que, obviamente, nunca van a dar publicidad a este escándalo. La peseta es la peseta, que diría mi abuelo. Pero los hechos están ahí, y algo que debería ser portada de todos los periódicos, queda convenientemente diluido.

Si a esta gigantesca manipulación social le sumamos la que durante años han sufrido los niños catalanes en las escuelas, con unas clases de historia sesgadas y trastocadas al antojo del que manda, nos encontramos con un panorama complicado y grotesco, con una parte de la ciudadanía que quiere ser independiente de España, pero unida a Europa y no se sabe si perteneciente a la OTAN o a la ONU. Pero, sin duda, inmersa en una orla de mentiras dificlmente superables por la ficción, fruto de una constante y machacona manipulación que cada día les explica que ser catalán es ser superior a ser español.

Lástima que haya ilustres intelectuales que den el visto bueno a semejante disparate interesado. Al fin y al cabo, aunque se sabe que la independencia no puede llegar, todo esto sirve para tapar la gestión autonómica más nefasta que Cataluña ha sufrido desde el inicio del periodo democrático.

Desde estas líneas animo a las plataformas que van surgiendo en Cataluña en favor de la igualdad y por continuar con la unión con el resto de España. Son ciudadanos valientes, y cada vez son más, presionados por muchos radicales que no admiten a quienes piensan distinto a ellos. ¡Fuera miedo! Aunque es difícil, la libertad de todos se tiene que imponer de nuevo en Cataluña.

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