La Paridad Electoral

Editoriales

La igualdad entre hombres y mujeres se confunde a veces de tal forma, que pasa del derecho incuestionable al absurdo en menos que canta un gallo.

He hablado en muchas ocasiones del tema de la igualdad en diversos ámbitos: violencia de género, discriminación salarial, aborto, etc. Aunque parezca mentira, en el siglo XXI tenemos que seguir hablando de desigualdad entre sexos, y si es tremenda en buena parte del mundo, sigue siendo excesiva en nuestro propio país.

Sin embargo, a veces se toman medidas tendentes a reducir la desigualdad que me parecen poco efectivas, y casi denigrantes tanto para mujeres como para hombres, y que incluso pueden tener efectos negativos en la propia sociedad. Una de estas medidas es la paridad, tanto a nivel empresarial, como a nivel político, caso este último al que me quiero referir, ahora que estamos en una pre-campaña electoral.

La Paridad Electoral dice expresamente que en las listas electorales, por cada tramo de cinco candidatos tiene que haber una representación mínima del 40% de cada sexo. Es decir, tres de un sexo, y dos de otro. Obligatoriamente.

A priori, no me parece lo más correcto primar el sexo sobre la preparación, la predisposición, u otros valores que sean más adecuados para representar a los ciudadanos. ¿Por qué no puede haber cinco candidatas, si es el caso, o cinco candidatos, si por circunstancias coincide ese número de personas dispuestas a asumir esa responsabilidad, y reúnen los requisitos para ello? ¿Es mejor para la sociedad meter en una lista a alguien que no tiene interés, por ejemplo, por el simple hecho de ser del sexo "necesario" para completar esa lista?

Aqui no hablo ni de hombres, ni de mujeres, porque se ha dado el caso de listas con mujeres que se han visto en la obligación de integrar hombres para completar, conforme a la ley, la lista de candidatos. Es muy cierto que la participación en política es mayoritariamente masculina, pero en la actualidad la mujer aumenta cada vez más su presencia, y no creo que sea precisamente por esta ley, sino por interés y, muy importante, por una cada vez mayor preparación. Recordemos que hay más mujeres que hombres en la Universidad, lo que redunda en un mayor deseo de participación en la construcción de nuestra sociedad.

Soy consciente de que el tema es un tanto peliagudo, y de que puedo ser tachado de machista, aunque nada más lejos de la realidad. Ojalá que la participación de la mujer en la política fuese mucho mayor, porque, en general, y aparte de las cualidades concretas de cada cual, aporta un sentido común y una coherencia que cuesta más encontrar en un hombre. Por lo tanto, no se trata de ser machista o no, sino de estar de acuerdo o no con una ley que, pese a estar hecha con el fin de paliar un déficit de participación femenina en política, no garantiza una participación libre y responsable, sino que en muchas ocasiones sólo facilita una participación condicionada, o por presión.

Si nos centramos en el caso de Caudete, donde al parecer van a presentarse un alto número de partidos para las próximas Municipales, nos encontramos con que existen dificultades para confeccionarse las listas. Uno de los problemas, aparte de que hace falta mucha gente para completar siete u ocho listas, es precisamente la dificultad para encontrar ese equilibrio entre el sexo de los integrantes. En realidad, lo verdaderamente normal sería que sin necesidad de que fuese obligado, las listas estuviesen formadas por hombres y mujeres en parecida proporción. Éste sí sería un buen signo de igualdad.

Así que, sin cuestionar realmente la paridad electoral, sin pedir su retirada ni nada parecido, sí que opino que el día que se tenga que retirar por obsoleta, habremos dado un paso en la igualdad de los derechos entre hombres y mujeres.

 

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