Progresiva vuelta a la normalidad

Editoriales

 

Todo, incluso un Estado de Alarma, tiene un límite. Los ciudadanos españoles llevamos enclaustrados más de cuarenta días, y en este largo periodo de tiempo hemos aprendido algunas normas importantes respecto al coronavirus y al comportamiento social que debemos mantener en los próximos meses. ¿Es momento de ponerlo en práctica?

Antes de nada, sería interesante responder a una pregunta… ¿Qué han hecho otros países europeos respecto al confinamiento de sus ciudadanos? Pues hay de todo…

Muchos países europeos han aplicado el confinamiento de su población, aunque con diferencias, en algunos casos notables. Veamos algunos ejemplos.

Francia e Italia lo aplicaron de una forma muy parecida a la de España. En Francia, además, se permite el deporte de forma individual.

Alemania no llevó a cabo el confinamiento de sus ciudadanos, aunque aplicó restricciones en comercios o escuelas, por ejemplo, y su tasa de mortalidad por coronavirus es relativamente baja.

En Reino Unido se permitió circular por la vía pública para actividades esenciales, y también para realizar una actividad física diaria.

En el caso de Portugal, el país decretó la cuarentena el 18 de marzo, con un fallecido y 448 contagiados. Su gestión en la crisis está considerada una de las de mayor éxito en el mundo. Austria lo hacía el 16 de marzo, con 959 casos y una víctima mortal también. Bélgica, por su parte, lo hizo el 18 de marzo, con 14 personas fallecidas y 1.486 casos. En este sentido, cabe recordar que España lo decretó con 5.753 casos confirmados, 1.522 más que la víspera, y habían fallecido ya 136 personas en nuestro país con coronavirus.

Hay un país que llama la atención por su gestión de esta crisis sanitaria, y es Suecia. Con un confinamiento muy suave, basó su estrategia en la responsabilidad individual. Los propios suecos tomaron medidas: evitaron viajes y quienes aún no lo usaban, pasaron rápidamente al teletrabajo, por ejemplo. Si bien hasta ahora era un país envidiado, el aumento de los test a su población ha subido en las últimas horas el número de confirmados, y hacen dudar de la estrategia seguida por este país que, aún así, mantiene unas cifras moderadas de infectados. Además, las autoridades dicen que Suecia está próxima a la “inmunidad rebaño”, un término muy utilizado ahora para indicar que un alto porcentaje de la población está inmunizada frente al virus.

Podemos ver que cada país ha aplicado una receta distinta, aunque casi todos han echado mano de encerrar a sus ciudadanos una temporada en casa. Como era de esperar, el confinamiento ha dado resultado, y todos los países, en general, van controlando la pandemia. También se empiezan a levantar restricciones en muchos países.

En el caso de España, el comportamiento de la sociedad ha sido muy bueno. Pese a las aparentemente muchas denuncias, los españoles, en general, hemos respondido muy bien a las exigencias del Gobierno, con un grado de confinamiento muy alto. Y eso que el encierro ha sido, y es, muy severo.

Es el momento de recuperar, poco a poco, la normalidad, aunque sin perder de vista lo aprendido. Lavarse las manos, el uso de mascarillas en caso de estar cerca de otras personas, mantener los dos metros de distancia, estornudar y toser en el codo… Todo esto tenemos que seguir haciéndolo si no queremos que una nueva oleada del virus nos llegue en otoño.

Toca bajar la cuesta, poco a poco, pero sin un exceso de trabas. Como es normal, los españoles estamos muy hartos de la situación, y aunque comprendemos el enorme problema que vivimos, también toca hacer balance individual del desastre, y al paro, al cierre de negocios y empresas, se suma el estado anímico de un encierro que empieza a ser desesperante.

La gente necesita salir a la calle a ganarse la vida, y a sentirse vivos. Y libres. El Gobierno debería apelar también a la responsabilidad individual de los españoles, porque aunque no somos como los suecos, también hemos demostrado nuestra madurez en este periodo tan duro, y que somos capaces de comportarnos de forma sensata.

Por eso, algunas medidas cuestan de entender. Por ejemplo, ¿por qué los miembros de una familia que viven las 24 horas del día juntos, no pueden salir juntos a pasear? ¿Qué razón impide andar más allá de un kilómetro? ¿Por qué un niño de 14 años no puede pasear, y sí uno de 13 años o de menos?

Yo pienso que las medidas hay que pensarlas muy bien antes de anunciarlas, y no ir cambiando sobre la marcha. Rectificar es de sabios, pero rectificar a menudo está más cerca de la incompetencia que de otra cosa, y genera desconfianza.

El sentido común suele ser lo más efectivo, y en ocasiones se echa mucho de menos. Por eso, espero que la vuelta a la normalidad no añada más tensión a la que ya acumulamos los ciudadanos.

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