Robbie Williams

Editoriales

El día 25 asistí al concierto que Robbie Williams ofreció en el Barclaycard Center de Madrid (el antiguo Palacio de los Deportes). Y ni corto ni perezoso, paso a describiros lo que fueron las dos horas del mejor concierto al que he asistido en mi medio siglo de existencia.

Puntual y sin reservas. "Mi nombre es Robert Peter Williams. Esta es mi banda, y las próximas dos horas vuestros culos son míos". Su presentación no dejaba lugar a dudas, y a partir de ese momento el talento de Robbie se desbordó a raudales, sin consideración, sin tregua. El despliegue tecnólogico a todos los niveles nos envolvió en un espectáculo brutal y total, por momentos electrizante, por momentos casi tierno, pero en todo momento insultantemente bueno.

Travieso, un poco canalla y moderadamente sinvergüenza. Si primero apareció astado, para empezar el concierto rompiendo con nada menos que "Let Me Entertain You", no tardó mucho en ponerse una faldita con la que enseñarnos de vez en cuando su trasero, o su delantera. Rubio de bote y luciendo sus tatus, pasa de ángel a diablo en el tiempo que tarda en consumirse una canción. Le sienta bien el chaqué de lentejuelas, como le sienta bien la faldita gamberra, que para eso es un artista en el más amplio sentido de la palabra.

Queen, U2, Dean Martin,… Sin complejos; canciones de otros, sí, pero increíblemente interpretadas. Tanto, que son otras canciones. Un derroche de talento, como cuando con su coro y bailarines entona la mítica Come Undone y termina con Still Haven’t Found What I’m Looking For de U2. Fantástico. Y, de momento, apareció un señor mayor cantando a su lado. No supe quien era hasta después del concierto. Era su padre.

Esto es un espectáculo en toda regla. Sonido perfecto, iluminación de vanguardia, pantalla de fondo multimedia que servía para componer en tiempo real minúsculas obras de arte. Y músicos y coros increíbles, a la altura del evento, y más. Robbie trazó su historia musical, y la del siglo pasado, en dos horas de ficción alucinógena. Bodies, Supreme, Feel… No faltó nada de lo esencial, aunque yo no hubiese despreciado su versión de My Way, como la que cantó en el Royal Albert Hall de Londres, una interpretación magistral que ha pasado a los anales de la historia musical.

Angels llegó al final, y Robbie dedicó esta canción a las víctimas del accidente de avión. El estadio, nuevamente, en pie. No hubo bises. Se fue como vino: con puntualidad y elegancia inglesa. Se hizo corto, como todo lo bueno, pero prometió volver pronto. Me pareció sincero…

Robbie sólo quería entretenernos, pero la verdad es que aún no se nos ha cerrado la boca.


Este video es del comienzo del concierto. Las dos primeras canciones, Let Me Entertain You y RockDJ. La calidad es francamente mala, pero sirve como muestra

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