Sergio Medina hace cumbre en el Alpamayo a 25 grados bajo cero

Deportes

Sergio Medina hizo cumbre en el Alpamayo (Perú) el pasado sábado. Con una temperatura de 25 grados bajo cero, la subida a la mole helada del Alpamayo, con 5.947 metros de altura, fue, según cuenta Sergio, durísima.

Nos cuenta Sergio su experiencia: «Día 9. Me encuentro en el campo 1 ya, para la ascensión al Alpamayo. No ha subido nadie aún, pero tenemos muchas energías y fuerzas para intentarlo. Nos levantamos a las 00:00 horas de la madrugada para desayunar algo, y a la 1:30 horas salir. Está nevando un poco, el día no es del todo bueno, muy nublado, ¡¡pero vamos a por la cumbre!!»

«Saliendo, pierdo las lentillas, y me toca volver y ponerme las gafas, ¡qué desastre! Ya preparados, hacemos la travesía hasta llegar a la rimalla, muy grande. Hay que buscar el mejor paso para cruzarla… Una vez cruzada, nos encaminamos ya en el primer largo. La escalada es muy mantenida y delicada, cada vez que alguien escala, los trozos de hielo que caen, y a la velocidad que van, te pueden lesionar, y mucho. La escalada es dura, son 60 – 70 grados de inclinación mantenidos. Cuando ya llevo 2 largos, no siento los gemelos, son 2 rocas y me quedan 5 largos más aún…»

«Llego a un tramo de hielo vertical y duro, y cuando me pongo a escalar no siento los dedos de los pies, ni de las manos. Los dedos del pie izquierdo los llevo congelados, ¡qué dolor! Al rato de escalar, ya noto como un hormigueo, y como que empiezan a calentarse… Las manos, igual. Cuando escalo se me congelan, y cuando paro, entran en calor. Es duro, no hay ni un descanso en la pared. Las reuniones son incómodas para posicionarse con los pies. Los móviles no van, ni las cámaras, debido al frío, de -20 a -25 grados no funciona nada.»

«Escalando poco a poco, después de unas 6 horas pude conseguir encender la cámara y tomar una foto, antes de llegar a cumbre. Es encender y, al poco, apagarse… Antes de cumbre surgió un accidente. Éramos 2 cordadas de 2 personas: una canadiense que había escalado 2 veces el Everest, el K2 y muchas más montañas, y su compañero, y mi compañero y yo. Estábamos asegurando desde la reunión y saliendo a cumbre, y al picar con el piolet se desprendió una cornisa, y los 2 compañeros cayeron 10 – 15 metros hasta la reunión que estábamos nosotros. Mi compañero cayó sobre mí, clavándome los crampones en el hombro y él quedando colgado hacia arriba y sin respiración. En la otra cordada, la canadiense se hizo daño en el cuello y cogió algo de edema pulmonar, con mucha tos, y el compañero se cortó el labio, y el casco roto por una estaca… Menos mal que los tornillos de hielo estaban muy bien puestos y nos salvaron la vida.»

«Después de relajarnos y poner todo en orden, y ver las lesiones de cada uno, subimos a cumbre. Todo es muy rápido debido al nerviosismo, el tiempo malo, muy nublado y con viento. No estamos ni un segundo en cumbre, y estamos sin comer nada, debido a todo lo ocurrido, y sin beber, porque estaba todo congelado. Empezamos a montar rapeles y más rapeles con abalacob y estacas, y empezamos a bajar, muy cansados y con dolores. Nos cuesta mucho trabajo bajar, en cada reunión hay que esperar, y cuando el compañero baja los trozos de hielo caen como si fueran balas. Agachas la cabeza y esperas a que te den los trozos de hielo y te destrocen, o pasen por tu lado a tanta velocidad que te quedas pensando…»

«Cuando cruzamos la rimaya… ¡qué descanso! Ya estamos abajo, y es tarde. Toca recojer todo el campo 1 y bajar por el glaciar al campo base del Alpamayo. Vamos muy despacio, debido a las lesiones, y llegamos al campo base a las 00:00. Son 24 horas sin parar, y menos mal que nuestro cocinero nos hizo una cena especial y buenísima, como todos los días…»

«Al día siguiente, a Huaraz directos, con una gran comida familiar de despedida, con Pachamanca, típica de aquí, la más rica comida de todas, de una elaboración que nunca había visto, con piedras enterradas en tierra, ¡buenísima! Me han cuidado como si fuera un hijo. Nos encontramos todos bien, y preparados para las futuras expediciones. Quiero dar las gracias a los sponsor, Ágora Habla, Transportes Penadés e Hijos, y a la Federación de Castilla La Mancha por toda la ayuda recibida.»


 

 

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