Usura: el negocio del siglo XXI

Cuando hablamos de poder, casi siempre pensamos en el poder político. Tenemos la sensación de que son los políticos quienes marcan nuestro día a día. Sin estar completamente equivocados con tal pensamiento, la realidad es que hay otra cosa que sí marca nuestras vidas de forma drástica: la banca.

El Estado inyectó a partir de 2009 a los bancos y cajas españoles un total de 53.553 millones de euros para su “proceso de reestructuración”. De esa cantidad, que se suponía que era una especie de préstamo, los españoles hemos recuperado, 7 años después, el 8,2% (unos 4.837 millones de euros). Es decir, que la mala gestión de las empresas bancarias tuvimos que pagarla, sí o sí, entre todos los españoles, y veremos si algún día la recuperamos.

Normalmente, cuando una empresa normal y corriente tiene problemas, no viene nadie a socorrerla. En todo caso, será precisamente algún banco o caja el que, a cambio de un jugoso porcentaje de intereses y comisiones, proporcione dicha “ayuda” en forma de crédito. En el caso de que ese crédito y esas comisiones tenga problemas la empresa en cuestión para devolverlos, la cosa se resolverá siempre a favor de los bancos, normalmente embargando los bienes. Y punto.

Exactamente igual ocurre con los particulares. Si uno compró una vivienda para vivir cuando tenía trabajo y contrató una hipoteca, y posteriormente se quedó sin trabajo y, por lo tanto, con muchas dificultades para pagar las cuotas, el banco no va a echarle una mano. Simplemente va a echarlo.

El llamado “rescate a los bancos” es una de las cuestiones más espinosas del gobierno de Mariano Rajoy, junto a la amnistía fiscal. También una de las peor gestionadas para los ciudadanos, y mejor gestionada para la clase más poderosa de este país, algo que en algún momento se tendrá que poner sobre la mesa de una forma seria. Alguien tendrá que decir “¡Basta ya!”. Y, posiblemente, seamos los ciudadanos los que tengamos que informarnos mejor sobre el poder financiero de nuestro país, sobre su impunidad sobre casi todo y sobre cómo actúa a diario.

¿Por qué a los bancos hay que perdonarles su mala gestión, y no se puede apoyar a las empresas que generan riqueza al país? ¿Por qué tuve que pagar de mi bolsillo una parte de ese rescate financiero, cuando luego a mí esos mismos bancos me acribillan sin piedad a intereses y a comisiones, muchas de ellas ilegales…? Ya hablaré en su momento de esas comisiones ilegales y de esas prácticas abusivas que cada día sufrimos los españoles por parte de la banca española, pero hoy toca dejar claro que aquel famoso rescate financiero sirvió, más que nada, para que hoy en día los bancos y cajas tengan de nuevo miles de millones de beneficios, y que los usuarios tengan tres o cuatro veces más comisiones que antes del rescate. Por cierto, ¿sabías que los bancos y cajas deben cerca de 500 millones de euros en concepto de gastos de comunidad? Sí, una práctica muy habitual es que cuando te quitan el piso… dejan de pagar los gastos comunitarios. Eso encima.

Nos quejamos de casi todo, pero, sorprendentemente, todavía no hay manifestaciones diarias en la calle por la gestión de nuestros queridos bancos y cajas, pese a que directamente es la causa de que se evaporen muchos de nuestros euros sin una razón justificada. Las famosas “tarjetas black” no son más que la punta del iceberg de un sistema prepotente e injusto al que es complicado acceder, aunque no imposible… Ya hemos visto lo que ocurrió con las preferentes, un robo de guante blanco perfectamente orquestado, o las cláusulas suelo, una vil forma de robar desde los despachos entre el regocijo de los responsables financieros. La justicia europea da la razón ahora a los clientes con cláusulas suelo en sus hipotecas, pero veremos a ver cómo se desarrolla ahora el proceso de devolución del dinero. Mucho me temo que será necesario luchar a brazo partido para que se devuelva un dinero injustamente cobrado durante años.

Un gran problema que tenemos es la desprotección e impotencia de los usuarios de banca a la hora de reclamar. Si tienes un problema con tu banco, lo primero que tendrás que hacer es reclamar a su director. Puede que tengas suerte, pero si el problema implica perder un sólo euro a la entidad, seguramente tendrás que reclamar a la delegación provincial. El tiempo medio para la respuesta se puede situar en unos dos meses. La respuesta suele ser negativa a los intereses del afectado, pero necesaria para el tercer paso: una reclamación ante el Banco de España. De media, la respuesta se sitúa entre los seis y los nueve meses. Si la cosa corre prisa, se puede optar por la reclamación judicial. El coste inicial de poner una denuncia a una entidad finaciera está por los 2.000 euros, que recuperaremos si ganamos, cosa que no siempre ocurre, porque disponen de los mejores bufetes de abogados. Con todo esto, el sistema está muy blindado, con un nivel de impunidad enorme y con muchos ciudadanos frustrados por esta causa. Pero pocos protestan públicamente.

Así las cosas, tenemos algunas opciones para evitarnos algunos dolores de cabeza. Cabe destacar que es fundamental la información que tengan los usuarios. Increíblemente, aún son muchos los españoles que no han probado los bancos online, que llegan a un nivel de prestaciones que, en algunos casos, no se creen hasta que no se comprueban en la realidad. A la vez, el ahorro en comisiones y otros gastos es brutal. En algunos casos, del cien por cien.

En resumen: la próxima gran revolución tiene que producirse sobre el poder financiero. Ya ha tenido lugar en el terreno político, donde han cambiado muchas cosas, y tal vez eso nos lleve a ese segundo objetivo. Y es que la justicia social no se puede conseguir nunca si los hilos los manejan los que sólo buscan la rentabilidad económica bajo la protección y el aplauso del Estado.

Miguel Llorens


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Administrador de Caudete Digital: Miguel Llorens Tecles

Miguel Llorens creó Caudete Digital en el año 2000. Informático y apasionado de las redes sociales, desde la fundación de este diario local ha mantenido su vocación de informar y su espíritu de servicio público.